domingo, 13 de enero de 2019

LOS AGUSTINOS DE CASARRUBIOS DEL MONTE Y SU RELACIÓN CON VALMOJADO


           Articulo publicado en el libro de fiestas del Stmo. Cristo del Amparo de Valmojado

Por                                
Fausto J. Arroyo López
David González Agudo


1. Orígenes y relevancia comarcal

   Los orígenes de los frailes agustinos del convento de Nuestra Señora de Gracia en Casarrubios del Monte, parecen remontarse a la existencia de unos caballeros de la orden del Temple que, tras la Reconquista, habían ocupado la basílica de Santa María de Batres, junto al río Guadarrama. Tras la disolución de la orden, algunos se convirtieron en eremitas y se integraron en la de San Agustín. Posiblemente, por la ruina de la basílica se trasladarían a extramuros de Casarrubios, fundando un convento en una mísera casa de la población a finales de 1354. Una veintena de años más tarde, en 1372, recibieron la ayuda de los señores de Casarrubios, don Diego Gómez-Pérez de Toledo y su mujer, doña Inés de Ayala, para refundar un monasterio que habría de albergar los sepulcros familiares del matrimonio. Esto no llegó a suceder por producirse el fallecimiento de don Diego Gómez de Toledo antes de concluir las obras.
   El convento contaría con una nueva ubicación, para lo cual dichos señores entregaron a fray Juan de Ocaña unas casas. El nuevo cenobio, uno de los más antiguos de la orden en España, era “bastante espacioso y cómodo” y contó además con la promesa de la entrega de cierta cantidad de dinero. Ese importe no llegó pero, a cambio, el 31 de mayo de 1375, doña Inés entregó al monasterio "las casas de la judería" de Casarrubios para que, con sus rentas, se ayudase a la edificación del monasterio. En el momento de la donación se designó prior y se llegó a un acuerdo con la familia Ayala para que en el monasterio hubiese doce frailes, de los cuales al menos seis debían ser sacerdotes.
               Las obras continuaron diez años, según afirmaba don Pedro Suárez, hijo del matrimonio benefactor, en su testamento fechado en agosto de 1383. En el documento mandaba acabar los trabajos, para los que su padre, pidiendo ser enterrado delante del altar mayor, había dejado 15.000 maravedíes. Con ese fin, y con lo que rindiese toda su heredad de Tormantos, había fundado tres capellanías perpetuas por su ánima. Don Pedro murió ese mismo año guerreando en Portugal.
   En el siglo XV, fray Alonso de Rabanal, provincial de la orden, dio una carta de hermandad a los que ayudaran a la edificación de la iglesia del convento. Un siglo más tarde se realizaron mejoras, que pasarían por una nueva construcción de la iglesia que hacia 1610 se encontraba totalmente derruida. Se acometieron obras de reconstrucción del templo y capilla por un importe de 3.600 ducados y una duración de dos años. En 1689, la falta de dinero obligó a dictar una Real Cédula, concediendo licencia para pedir limosna en las Indias por tiempo de seis años, para acabar la capilla de Nuestra Señora de Gracia. Diversas bulas y privilegios, concedidos por diversos papas, hicieron a su iglesia gozar de gran fama, atrayendo a gentes de los alrededores. En ella se encontraba la imagen de la virgen, que se  consideraba milagrosa.
   Una relación poco conocida de “milagros” y “casos prodixiosos” de la Virgen, impresa en 1609, muestra que no sólo los casarrubieros la habían invocado en sus “males” y “peligros”, sino también los vecinos de lugares “comarcanos”.


Iconografía de Nuestra Señora de Gracia en una relación de milagros de 1609.

   Entre los varios prodigios que se relatan en versos -romances, quintillas y redondillas-, existe uno referido a “una niña enferma” de garrotillo en Valmojado. Dice así:

Con garrotillo tenia
tres hijas una muger
que en Valmojado vivia,
la qual todo su querer
en la mayor puesto havia.
Mas luego, reyna escogida,
que os fue su salud pedida,
¡oh, milagro celestial!,
las dos murieron del mal
y a la mayor distes vida[1].

    En el convento tomaron los hábitos numerosos casarrubieros, como Hernando de Bustamante, Tomás de Ayala, Juan de Subijana o Juan de Cepeda. También hubo hermanos de pueblos cercanos, como fray Alonso de Méntrida, quien profesó en 1590 y marchó a Filipinas nueve años después; en esa provincia sería elegido superior mayor. El convento sería semillero de evangelizadores para las Indias y Filipinas, como Juan Ayllón, Francisco de Aguirre, Pedro de Guevara, Francisco de Vara, Juan Pimentel, Cristóbal de Osma o Gabriel González, entre otros tantos.
   Los agustinos tuvieron gran protagonismo en la historia de Casarrubios y su comarca, sobre todo durante los veintiséis días que Felipe III estuvo en la villa, aquejado de una grave enfermedad. Los frailes ejercían de confesores, predicadores y asistían a los enfermos en los últimos momentos. También tuvieron a su cargo la enseñanza de ciertas materias en la villa y, en ocasiones, ejercieron como tenientes de cura en las parroquias de Casarrubios y las aldeas. Es el caso, por ejemplo, de fray García Infante en Valmojado, en 1681.
   En 1576 los casarrubieros comentaban que en la villa había “sesenta clérigos y frailes, muy buenos predicadores, naturales d’ella, aunque están ausentes muchos. El padre fray Gabriel de Pinelo, provincial de los agustinos, y fue d’esta villa y tierra fray Francisco Serrano, que fue algunas veces provincial de los agustinos". Más tarde, en 1769, el monasterio era habitado por diez individuos, un donado, un sacristán, dos criados y ocho solteros. El censo del Conde de Aranda dice haber en él dieciséis hermanos de órdenes religiosas. Finalmente, en 1835, los frailes abandonaron el convento debido al decreto de exclaustración de Mendizábal.
   
   El lugar donde se levantara el convento, junto a la iglesia de San Andrés, lo ocupa hoy el colegio público, sin apreciarse vestigio alguno que dé testimonio de la construcción de otros tiempos. La fachada principal del edificio se conservó hasta 1864, y en 1910 el edificio ya se encontraba en completa ruina, quedando sólo algún resto de sus muros. El valor arquitectónico del cenobio no debió de ser destacable, acorde con la sencillez de su interior. Su iglesia no contaba con obras de arte destacadas, a excepción de un sepulcro de mármol blanco y negro -bastante bien adornado, según cuenta Madoz en su Diccionario Geográfico- con relieves de algún mérito, colocado al lado del Evangelio, junto al altar mayor, con la siguiente inscripción:
              
Soli Deo honor et gloria. Aquí yace Bernardo de Oviedo y Puelles, del Consejo de Rey N.S. Don Felipe III y IV, su secretario, y de los descargos de las majestades cesáreas y católicas de los reyes de Castilla, mayordomo mayor del Excmo. Sr. Don Bernardo de Sandoval y Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, arcipreste de Guadalajara; primero y perpetuo patrono de este santo convento, él y sus sucesores: murió en 1649. R.I.P.

   La fama de los agustinos se extendía por los contornos de Casarrubios. El libro de sacristía (1664) refleja las peticiones de misas de pueblos cercanos como La Torre, Carranque, Santa Olalla, Villamanta, El Álamo, El Viso, Cedillo, Illescas, El Prado, La Cabeza, Valmojado, Méntrida, Chozas, Navalcarnero; y no tan cercanos, como Villamiel, Yunclillos, Magán, La Puente, Quijorna, Recas, Torreblanca, Villaseca, Pelayos, Palomeque, Hormigos, Novés, La Puebla, Fuenlabrada, Ugena, Ajofrín, Torrejón, Alcobendas, Polán, y hasta de Madrid. Por tanto, era normal ver sus propiedades,  repartidas por todos estos pueblos, fruto de donaciones testamentarias. Como ejemplo puede citarse el arriendo que el prior agustino, fray Bernardo Lucio, y el procurador, fray Francisco Sánchez, hicieron en 1755 de sus tierras y diezmos en Lominchar. Ese año se arrendaron por nueve años a Gabriel Barrera, vecino del lugar.

2. Patrimonio agustino en Valmojado

   En 1746 los frailes agustinos elaboraron una relación de sus propiedades rústicas en los entornos de Casarrubios y de las rentas que obtenían de ellas[2]. El motivo pudo ser doble: llevar un control más exhaustivo de la hacienda del monasterio y, quizás, informar sobre sus recursos económicos para la llamada única contribución que por aquel entonces pretendía establecer el Marqués de la Ensenada. En la citada relación aparecen tres fórmulas distintas de cesión del patrimonio agustino: 1) censos redimibles o al quitar; 2) censos enfitéuticos; y 3) arrendamientos.

2.1 Censos redimibles

   El primer tipo de rentas provenían de los llamados censos redimibles o al quitar. Eran, básicamente, préstamos con interés a través de los cuales el convento concedía una cantidad de dinero, para los que se el prestatario tenía que hipotecar uno o varios bienes. En su libro mayor, los agustinos registraron una memoria con diecisiete censos redimibles que, hacia 1746, tenía el cenobio en Casarrubios, “así como en Madrid, Navalcarnero, Villa del Prado, Méntrida, Recas, las Ventas de Retamosa, y Valmojado”[3]. La información aparece expresada en tres columnas. La de la izquierda expresaba el principal; la del centro, los datos del prestatario; y a la derecha estaba el rédito o interés. De este modo, la documentación ofrece una foto fija de la actividad crediticia del monasterio en la comarca a mediados del siglo XVIII.

2.2 Censos enfitéuticos

   El segundo tipo, los censos enfitéuticos, podría considerarse como una fórmula de cesión a perpetuidad[4]. Son una clase muy antigua de contratos, por la que, a cambio del usufructo del terreno, el labrador pagaba anualmente al propietario una renta fija, llamada tributo, en metálico y en especie (gallinas y, a veces, otros productos). El tributo simbolizaba un reconocimiento del dominio eminente del propietario sobre la heredad o finca en cuestión. No obstante, en la práctica, ese dominio se consideraba del tomador, quien podía venderlo o cederlo a otra persona. En ese caso, el nuevo tomador del censo debía hacer escritura de reconocimiento. Normalmente, el vendedor solía pagar al propietario un porcentaje (diezmo) sobre el precio de venta.
   Según la documentación estudiada, el censo enfitéutico fue el segundo tipo de contrato más numeroso a la hora de ceder el usufructo de las tierras del monasterio. El libro mayor de los agustinos de Casarrubios contiene ochenta y cuatro propiedades acensuadas[5]. El tiempo para preparar este artículo nos ha limitado su estudio a fondo; tarea que dejamos pendiente para futuros trabajos. De momento podemos decir que, de las escrituras examinadas, las más antiguas se remontan al siglo XV[6].
   De la documentación referente a Valmojado destacamos, por ejemplo, un censo perpetuo de cuatro maravedíes anuales contra los hijos de Roque de la Nueva, sobre un quiñón en las eras llamadas de los Pradillos. El quiñón de sembradura tenía dos fanegas de superficie y estaba “enfrente de la Yglesia”, lindando por ábrego (suroeste) con las eras, por poniente con otro quiñón de la memoria de Miguel Sánchez Sardinero, de Casarrubios, por el solano con el quiñón de Juan Alonso, vecino de Valmojado, y por el cierzo con quiñones de este último y de Andrés Sánchez, vecino también de esta villa. Inicialmente el quiñón habían sido dos que después fueron deslindados. La documentación también ofrece datos sobre la fecha en la que el clérigo Alonso López Heredero había escriturado la propiedad a favor del monasterio, ante Francisco de Castañeda, escribano de Casarrubios. Fue el 30 de agosto de 1625.
   Examinando documentos más antiguos y cotejando los linderos se sabe que este quiñón-frontera, junto con otras dos tierras, había sido legado a los agustinos por Isabel Díaz en diciembre de 1597. Con ello, la difunta valmojadeña dejó dispuesto que le dijesen, perpetuamente, “una misa cantada con ministros y sermón el día de San Francisco”, con un cirio encendido en el monumento[7]. Cumpliendo las mandas testamentarias, el 2 de marzo del año siguiente, el procurador del convento, fray Antonio Godino, se desplazó a Valmojado con el escribano de Casarrubios, con el teniente alguacil de la villa y con tres testigos para tomar posesión del terreno. Así, tomando de la mano al procurador, el teniente alguacil le introdujo en la finca. El fraile se paseó por ella, “arrancando yerbas y açiendo mojones y otros autos de posesión”.
   Como vemos, esta noticia no sólo confirma una temprana relación devocional de los valmojadeños con el monasterio, sino también el exhaustivo control en el tiempo sobre las propiedades agustinas. De hecho, en el citado libro mayor, más abajo, pueden encontrarse apuntes posteriores sobre los sucesivos censatarios del mencionado quiñón. A Roque de la Nueva le siguió su hijo, Manuel de la Nueva y Tapia, quien después se lo traspasó a su pariente, Francisco Suárez Monroy y Camberos. De este último, pasaría más tarde a María Manuela Delgado y Camberos, cuyo legado acabó heredando su esposo, Manuel Monroy.
   En cada apunte es común ver advertencias de los frailes a los censatarios para que éstos hiciesen reconocimiento de los censos. El celo de los agustinos en el control de sus propiedades y rentas se refleja también en un recordatorio específico al prior sobre el cuidado “de hacer que se hagan reconocimiento de los censos”, tanto enfitéuticos como redimibles, una vez “que pasan a nuevos poseedores”[8]. Al parecer, por aquella omisión, la comunidad tenía “perdidos muchos censos perpetuos y diezmos”. Para ellos, convenía informar a los secretarios de Casarrubios para que avisasen al convento “siempre que se vendan tierras o se den en dote o se manden en testamentos, que de este modo se sabrá todo”. Asimismo, sugerían escribir “con buena letra” todos los reconocimientos del registro, “para que puedan ser en todo tiempo legibles”.

2.3 Arrendamientos

   El tercer tipo de rentas de los agustinos eran las procedentes de los arrendamientos. Estos contratos podrían considerarse un tipo de cesión de la tierra a medio plazo, pues su renovación permitía revisar y actualizar la renta. Según las primeras catas realizadas, el contrato más habitual era de nueve años de duración. En los de arrendamiento se establecían algunas condiciones sobre la heredad. Si ésta era de sembradura, el arrendatario saliente, al cumplirse el último año, debía dejar la mitad de las tierras en barbecho, para que el entrante las pudiera labrar y sembrar. La renta solía pagarse, “puntual y enteramente”, el día de Santa María de agosto, en “trigo bueno, limpio, seco, de dar y recibir, sin mezcla ni atención alguna”, so pena de ejecución y costas. El contrato se recibía “a todo riesgo y ventura, de cualquier caso fortuito del cielo o tierra, fuego, piedra, y demás vistos o no acaecidos”[9].
   Los arrendamientos, más numerosos que los censos perpetuos (139 propiedades en 1746), parecen ser la tajada más suculenta para la hacienda agustina. Las propiedades se repartían en nueve pueblos: El Álamo, Camarena, Casarrubios del Monte, Chozas de Canales, Lominchar, Palomeque, Valmojado, Las Ventas de Retamosa y El Viso de San Juan. La superficie total superaba las seiscientas cincuenta fanegas, casi cuatrocientas (393,2) hectáreas[10], siendo mayoritariamente tierras de sembradura, aunque también existe viñedo (casi diez mil cepas en Casarrubios, Valmojado, El Álamo y Chozas), olivar (826 pies en Casarrubios), eras (en Casarrubios) y algunas cercas (en Valmojado).
   Los frailes de Casarrubios arrendaban en Valmojado veintiocho propiedades, un 20 por ciento del total. La superficie rondaba las ciento cincuenta fanegas (83,3 hectáreas) y suponía un porcentaje (21 por ciento) cercano al del número de propiedades. La mayor parte eran tierras y quiñones de sembradura en Valdepuerco, La Nava, Moratejo, Cañada Real, Cerro Alto, Las Veguillas, Cerro de las Vacas, Camino de Méntrida, Ejido, Valdevaquillas, los Pradillos, Prado Tejedor, Valdeoro, Portillo de Villamanta y Cruz del Retal. También poseían una viña de seiscientas ochenta cepas en Valdeniebla, con dos fanegas de tierra calma “por cabeceras”. Por último, tenían cuatro cercas en el pueblo: una con tres olivas en el camino de Méntrida; otra entre la calle Real “que va del pozo del concejo al Barrio Alto” y el “camino que llaman Charco Caño”; otra de tres celemines que lindaba con el citado camino y el de Méntrida; y otra cerca de un celemín que fue solar de casa, en el Barrio Alto.
   Varias propiedades valmojadeñas, como otras, habían pasado al patrimonio conventual al ejecutarse las hipotecas que algunos censatarios, incapaces de pagar los réditos, tenían sobre ellas. Otras acabarían siendo vendidas por los agustinos a vecinos del pueblo años después de la Guerra de la Independencia. Por ejemplo, dos quiñones en los Pradillos serían comprados, en 1819, por Teresa López y Dionisio Sánchez-Garnica, respectivamente. Este último, en el mismo año, compraría también otra tierra de dos fanegas en Valdevaquillas.



[1] Biblioteca Nacional de España (B. N. E.), R/1733.
[2] Se trata del llamado Libro de Mayor de toda la hacienda que tiene este convento de Nuestra Señora de Graçia de Nuestro Señor San Agustin. Archivo Histórico Nacional (A.H.N.), Clero, libros, 14956. También disfrutaban de otros derechos, como los procedentes de juros en el almojarifazgo de Sevilla, en Toledo, en Ocaña, en El Viso y Carranque, o la leña del Real Sitio de Aranjuez.
[3] La documentación alude a una distribución geográfica de los censos redimibles algo diferente: Casarrubios, 3; Madrid, 4; Méntrida, 1; Recas, 1; Las Ventas, 1; Valmojado, 4; Cedillo, 2; y Lominchar, 1, A. H. N., Clero, libros, 14956, fols. 4-31.
[4] Sobre los censos, Ballester Martínez, Adolfo (2005-2006), “Los censos: concepto y naturaleza”, en Espacio, Tiempo y Forma, serie IV, Historia Moderna, t. 18-19, pp. 35-50.
[5] A. H. N., Clero, libros, 14956, fols. 32-120.
[6] La más antigua de las primeras veintitrés analizadas se corresponde con una huerta en la Solanilla, en Casarrubios, colindante con el arroyo del Arenal, “por las carnicerías”. Pasó al patrimonio del cenobio el 18 de julio de 1478. Otorgó la escritura Alonso García, ante el, entonces, escribano Juan de Frías, A.H.N., Clero, libros, 14956.
[7] A. H. N., Clero, legs., 7165-7166.
[8] A. H. N., Clero, libros, 14956, fol. 2.
[9] A. H. N., Clero, legs. 7165-7166.
[10] La aranzada es la medida de superficie para el viñedo y equivale a 400 estadales cuadrados castellanos, es decir, 4.471,9284 metros cuadrados. Por su parte, la fanega es la medida de superficie para las tierras de cereal. Las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada en Valmojado dicen que en el pueblo se utilizaba la fanega de 600 estadales, que equivalía a 5.651,25 metros cuadrados. Sobre medidas en la región toledana, Cobo Ávila, Jesús (1991), “Introducción”, en Marcos Burriel, Andrés, Informe de la Ciudad de Toledo al Consejo de Castilla sobre igualación de pesos y medidas, Toledo, Diputación Provincial de Toledo, pp. 38-39.


viernes, 11 de enero de 2019

CASARRUBIOS DEL MONTE “CAPITAL DE ESPAÑA”


El año pasado la villa de Casarrubios del Monte celebró el 550 aniversario de la proclamación de la Princesa Isabel como heredera al trono de Castilla. Este año conmemorará el 400 aniversario en que la villa fue “capital de España” por 26 días. Un hecho accidental y fortuito que llevó a reunir en este lugar a las más altas personalidades de la política y la nobleza de la época.

En algún momento he dicho que nuestra villa posee una historia tan rica y amplia, que bien podría estar celebrando aniversarios y conmemoraciones de hechos históricos largo tiempo sin necesidad de aprovecharnos de historia ajenas.

Este año se cumple el 400 aniversario del gran acontecimiento que convirtió a Casarrubios del Monte, en el centro de atención de toda España, debido a la estancia de 26 días del rey Felipe III aquejado de una grave enfermedad.

En 1619 Felipe III viajó con su familia a Portugal para que las cortes lusas juraran a su hijo, el príncipe Felipe, como príncipe heredero.
Al volver a Madrid, lugar de residencia de la corte, el rey se empezó a encontrar indispuesto, y en Santa Olalla, creyeron que el monarca no llegaría a Madrid, por lo que a toda prisa debían encontrar un sitio adecuado para detener la marcha, creyendo lo más conveniente llegar cuanto antes a Carrubios del Monte, donde se detendrían.
Era el 8 de noviembre de 1619. Al llegar a nuestra población les surgió la duda de, si llevar al rey al hospital, o alojarle en el palacio del conde de Casarrubios. Dado que el hospital no era apropiado para un rey, pues allí se recogía a los enfermos más humildes de la población y a los transeúntes que transitaban por el Camino Real, decidieron alojarlo en el palacio.
El rey ocupó la habitación principal del palacio e, inmediatamente, se acordono la zona, prohibiendo el paso de personas, animales y carruajes, como la suspensión de cualquier toque de campana que alterase el reposo de tan ilustre enfermo.

Enseguida comenzaron a llegar a Casarrubios la alta nobleza y autoridades de Madrid. Unos a interesarse por el enfermo, otros de visita, muchos se alojaron nuestra villa todo el tiempo que aquí se encontró el rey, el caso es que por aquí pasaron cientos de personas, aparte de escritores, poetas, curiosos e interesados. Pues para muchos esto fue algo que no podían perderse.

Junto a esta gente, también empezaron a llegar las reliquias enviadas desde diversos puntos de España, como el manto y el niño de la Virgen de Guadalupe, reliquias del Escorial y el cuerpo momificado de San Isidro. Reliquias que fueron depositándose en un altar habilitado al efecto en la propia habitación que ocupaba S.M. El manto fue puesto sobre su cama y, el cuerpo de San Isidro llevado a la parroquia de Santa María, no sin antes dejar depositado un dedo en dicho altar.

Las misas y rogativas se sucedían de continuo por la salud del rey a cargo del clero regular y frailes de Casarrubios, que llenaba a cualquier hora la iglesia de fieles y curiosos.

La estancia que parecía ser momentánea, se fue alargando día tras día y la enfermedad obligó a que aquí hiciera testamento el monarca. Testamento que, año y medio después, sería válido a la muerte del rey con algunas modificaciones.
Ni que decir tiene el revuelo que dicha visita ocasionó en la población, así como en las aldeas y pueblos cercanos y no tan cercanos, pues la noticia de que el rey agonizaba en Casarrubios corrió de boca en boca hasta el último confín de España.

Dicha estancia congregó en nuestra villa a representantes de la política y la nobleza, dando lugar a que se celebraran consejos de Guerra y de Estado, lo que hoy serían los consejos de ministros, en el coro alto y la sacristía de la parroquia de Santa María. Por lo que, pasados los siglos, la historia da a Casarrubios del Monte el merecido título de “capital de España” por 26 días de aquel mes de noviembre de 1619, en que desde aquí se dirigió la nación.

Dado que esta hazaña ocurrió en pleno Siglo de Oro de las letras españolas, la visita quedo plasmada en infinidad de documentos, libros, novelas, obras de teatro, revistas y panfletos que hacen fácilmente recordarlo en la actualidad.

Cada una de las situaciones acaecidas en nuestra villa en esos 26 días, hasta la partida del rey para Madrid el 3 de diciembre, guardan detrás grandes historias que ya os iré contando, como la traída de los restos de San Isidro, las procesiones y rogativas, la estancia del príncipe, futuro Felipe IV, la obligación de que a Casarrubios se trajera alimentos para abastecer a tanta gente, la marcha del monarca, etc... Así como las disputas atribuidas a la curación del rey por unas y, otras, reliquias, que quisieron llevarse el mérito de su intervención.

Fausto-J. Arroyo López

jueves, 11 de agosto de 2016

ASÍ INFORMABA CASARRUBIOS A LOS PUEBLOS DE LA ZONA SOBRE LOS ACONTECIMIENTOS DEL 2 DE MAYO DE 1808 EN MADRID


El intento de sacar de Madrid a la Familia Real, hizo estallar el hervidero que la ciudad vivía desde que las tropas del general Murat ocuparan la capital de España que, si en un principio fueron recibidas como aliadas, enseguida pasaron a ser consideradas invasoras. Desde primeras horas de aquella mañana del 2 de mayo de 1808, la población madrileña fue incrementando unos alborotos en torno al palacio Real que estallaron con el sonido de un disparo, seguido de los cañonazos contra la multitud de ciudadanos congregados en la plaza de Oriente causando decenas de muertos que desencadenó una violenta reacción popular. El mal armado pueblo de Madrid, y ante la pasividad de las autoridades, se enfrentó a la artillería y fusilería de los gabachos con palos, navajas, tijeras y cuantas armas pudieron encontrar, en un cuerpo a a cuerpo en el que murieron más de un millar de madrileños.



A primera hora de la tarde, y siguiendo las informaciones publicadas por David Martín y Jesús Rodriguez, en el libro “El bando de los alcaldes de Móstoles del Dos de Mayo de 1808 y su influencia en el comienzo de la Guerra de la Independencia”las noticias del levantamiento y primeros asesinatos llegaron a Móstoles en boca de grupos de personas que habían logrado escapar de Madrid y relataron la feroz represión de las tropas francesas. La justicia mostoleña, con sus alcaldes a la cabeza, se reunió horrorizada de cuanto allí se contaba y decidieron confeccionar un oficio firmado por los alcaldes Andrés Torrejón y Simón Hernández, animando a las autoridades civiles y militares a movilizarse y acudir con la mayor brevedad posible a socorrer al pueblo de Madrid, preparándose para un levantamiento militar que habría de expulsar al ejército invasor. 

Sobre las 7 de la tarde del día 2 de mayo de 1808 salía de Móstoles, a toda velocidad, un postillón con el comunicado de sus alcaldes que iría dejando en los pueblos de su recorrido a lo largo de la carretera de Extremadura.
La primera parada la hizo en Navalcarnero, desde donde la información debió llegar a Casarrubios, y el postillón continuaría a  Talavera de la Reina. En cosa de pocas horas la noticia se había  difundido por los pueblos cercanos, de tal modo que a Casarrubios debió llegar a últimas hora de la tarde, pues a las once de la noche Fuensalida recibió un comunicado de Camarena con las noticias que había recibido de los alcaldes de Casarrubios del Monte, comunicándoles lo siguiente:

Señores justicia de la villa de Fuensalida.
Haora, que son las onze de la noche, acavamos de recivir oficio de los señores alcaldes de la villa de Casarrubios, con esta misma fecha, en que se nos dice que Madrid se halla ardiendo y vombeandose los franceses; encargandonos nos prevengamos y que pasemos iguales havisos a los pueblos inmediatos, para que si quieren venirse con las gentes de aquellas villas, se juntaren crecido numero, y que si hubiese franceses se procure contrariarlos para que no comuniquen noticias a los suyos; a lo que por nuestra parte estamos prontos, y les damos a vuestras merzedes este aviso para que determinen por la via y la amplien a los demas pueblos, en ynteligencia que de Arcicollar, Fuensalida y la Torre, al mismo fin les pasaremos igual aviso a sus justicias.
Nuestro Señor guarde a vuestras mercedes muchos años.
Camarena y mayo 2 de 1808

El mismo oficio fue enviado al día siguiente por los alcalde de Casarrubios a Portillo.

Señor alcalde ordinario de la villa de Portillo.
Muy señor nuestro:
A consecuencia del oficio de vuestra señoria, devemos manifestarle que, aunque a la presente hemos tenido noticia de que Madrid se halla apaciguado del tiroteo que en el dia de ayer se promobio, se asegura por todos los que han transitado por esta en este dia, que los franceses tienen dispuesto bolver a emprender a las gentes, por lo que deven vuestras señorias y todos los pueblos de esa circunferencia estar prevenidos, en defensa de nuestro monarca y reyno, respecto a que se asegura tambien bienen a favorecernos las tropas de Guadalajara y Talabera.
Nuestro Señor guarde a vuestra señoria muchos años.

Casarrubios del Monte, 3 de mayo de 1808.
Vicente Serrano
Josef Fernandez

Ese mismo día (3 de mayo), Portillo recibió otro de Navalcarnero manifestando haberse calmado la revolución de Madrid, pero no fiándose de la veracidad de lo expuesto, hicieron más caso al de Casarrubios y redactan un nuevo oficio que, enseguida, mandaron a diferentes pueblos, informando sobre lo dicho por Navalcarnero, pero insertando el comunicado recibido de Casarrubios del día anterior.

La sucesión de los comunicados y la brevedad de las horas en que se suceden, nos hacen ver como las comunicaciones entre los pueblos se desarrolló a una velocidad increíble cuando no se disponía de otros medios que los postillones. En pocas horas la noticia fue conocida en todos los pueblos de la zona, saltando la alarma entre ellos, como sucedería en el resto de España.


El intervencionismo e influencia del general Murat sobre la justicia y autoridades civiles y militares obligó a localidades como Navalcarnero y Talavera a emitir oficios, (días 3, 4 y 5 de mayo) condicionados por sus consignas de mantener la tranquilidad. Oficios que, además de no reflejaban la realidad que se estaba viviendo en Madrid, colaboraba con los invasores a la sumisión de un pueblo. Mientras, Casarrubios emitía comunicados a los pueblos de la zona con las noticias llegadas de la capital. Talavera recibió como respuesta el comunicado de Val de Santo Domingo, adjuntando el de Fuensalida que, a su vez, les comunicaba lo expuesto por Camarena y acompañaba la información de Casarrubios y de Torrijos con la realidad de los hechos acaecidos en Madrid.

Especialmente atento a las gentes que transitaban por el camino de Madrid, y recabando información de las personas que habían conseguido huir de la Corte, Casarrubios informaba a través de oficios a los Ayuntamientos de los pueblos de la zona, la realidad vivida, quienes la volvían a multiplicar y enviar a los de pueblos más alejadas.


Fusilamientos del 2 de Mayo en el Paseo del Prado de Madrid (Juan Carrafa)

Como muestra la imagen, los fusilamientos se sucedieron por diversas calles de Madrid: Pza. de Oriente, Puerta del Sol o Paseo del Prado, en cuyo fusilamiento perdieron la vida algunos casarrubieros. Tras la matanza del portillo de Recoletos, Diego Manso Martín, de sesenta años, su hijo, Miguel y su hermano Manuel, naturales de Casarrubios, fueron sacados del tejar donde trabajaban, al lado de las Puerta de Alcalá, y llevados al paseo del Prado donde fueron fusilados. Ellos aparecen al final de mi libro “Algunos casarrubieros”



F.-Jesús Arroyo López.



lunes, 13 de junio de 2016

DOCUMENTOS DE UNA PROCLAMACION



POR QUÉ QUEREMOS CELEBRAR EL 550 ANIVERSARIO DE LA PROCLAMACIÓN DE LA PRINCESA ISABEL 
EN CASARRUBIOS DEL MONTE

UN POQUITO DE HISTORIA

En un intento de poner fin a las guerras banderizas que venía asolando Castilla, debido a las diferencias mantenidas por las distintas facciones nobiliarias, los hermanos Enrique e Isabel, cabezas de los bandos principales, y tras unas negociaciones llevadas a cabo, separadamente, en Cebreros y Cadalso, se encontraron en la venta de Guisando el 19 de septiembre de 1468. Encuentro que la historia ha venido a llamar el pacto, concordia o tratado de Guisando. Allí, los hermanos, ávidos de paz en un acto de conciliación e intentando olvidar las viejas rencillas, se abrazaron y se reconocieron como Rey y Princesa, respectivamente. La infanta Isabel reconoció a su hermanastro como único y verdadero rey por todos los días de su vida, y el Rey tomaba a su hermanastra por princesa, heredera y legítima sucesora en el trono de Castilla.
 Tras este reconocimiento, Isabel quedó incorporada a la Corte de su hermano al que acompañó desde ese momento, pasando, seguidamente a Guisando. El 22 se encontraban en Cadalso, desde donde emprendieron camino a Ocaña, lugar donde celebrarían Cortes, en las que la nobleza juraría a la Princesa. La idea era de hacer noche en Casarrubios del Monte, vieja villa conocida por Enrique IV, que ya visitara siendo príncipe, y que el 12 de marzo del año anterior entregó a su hermana con el compromiso de no cederla y ser devuelta a él cuando contrajera matrimonio. 
 Los ilustres personajes y la comitiva que traían, en la que se encontraba el Maestre de Santiago, el obispo Antonio de Véneris, delegado enviado por S.S. el Papa Paulo II, varios condes como el de Osorno, duque de Alburquerque, arzobispo de Sevilla, etc, etc, todos con sus correspondientes secretarios, criados y demás servidores,              llegarían a Casarrubios el jueves 22 a la caída de la tarde, como aseguran las crónicas diciendo que ese día, el real de don Enrique ya se encontraba en nuestra villa.

Las jornadas pasadas habían sido duras, especialmente para Enrique IV, que tuvo que afrontar públicamente la deshonra de la ilegitimidad de su hija al reconocer a su hermana Isabel como heredera y sucesora.
Al llegar a Casarrubios del Monte, los dos hermanos se liberaron de las tensiones y hallaron la paz anhelada durante mucho tiempo, y decidieron prolongar su estancia posponiendo unos días la marcha. La princesa Isabel sería quien más a gusto y segura se encontrara, sobre todo, por estar en su villa y tener a su lado a don Gonzalo Chacón, al que dos meses antes le había nombrado su mayordomo mayor, por lo que, si en un principio, Casarrubios del Monte iba a ser solo una escala en su viaje, se convirtió en residencia de una larga estancia en la que, probablemente, pasaron juntos los únicos días felices de su vida.

El afán del Rey por solucionar, cuanto antes, los conflictos y reintegrar a su obediencia a los nobles que habían tomado partido por la Princesa, que de alguna forma obligaron a la reconciliación y proclamación de su hermanastra, le seguía preocupando, y viendo que la estancia se prolongaría, decidió no llegar a Ocaña para cerrar en Casarrubios los acuerdos iniciados en Guisando, mandando a sus secretarios y escribanos confeccionaran las cartas que enviaría a la nobleza, villas y ciudades, dando cuenta de los acuerdos alcanzados.

La primera carta enviada por Enrique IV desde Casarrubios del  Monte, fue al día siguiente de llegar, viernes día 23. Se trataba de un llamamiento a los Grandes que no se habían restituido aún a su obediencia, para que en el plazo de treinta días le prestaran obediencia y le devolvieran las ciudades, villas y fortalezas de la corona que tenían ocupadas, puesto que su hermano don Alfonso había fallecido y él había hecho jurar como princesa heredera a su hermana Isabel. La cédula estaba Dada en la villa de Casrruvyos a veynte e tres dyas del mes de setiembre, año del nasçimyento de ntro. Señor Jhesu Christo de myll e quatroçientos e sesenta e ocho años.
YO EL REY


El día 24, Enrique IV firmó un auto para hacer efectivo lo determinado en Guisando, comunicando a villas y ciudades la proclamación de su hermana como Princesa e mi primera e sucesora destos dichos mis reinos e señoríos, e por tal la juré, e nombré, e intitulé, e mandé…
En la misma hace un llamamiento a la nobleza para que acaten y  juren a la dicha Princesa, mi hermana, por Princesa e mi primera heredera sucesora en estos dichos mis reinos e señoríos y pone unos plazos para ello. Y, vos mando que acatada la lealtad e fieldad que me debedes como a vuestro Rey e Señor natural, luego vos reduzgais a mi obediencia e serviocio e me reconozcades e juredes por vuestro Rey y Señor natural.
La carta era acabada con un llamamiento de la Princesa:

E yo la dicha Princesa doña Isabel, primera heredera e sucesora en estos dichos reinos e señoríos de Castilla para después de los días del muy alto e muy poderoso Rey, mi señor e hermano, vos ruego e mando que por servicio del dicho señor Rey e mio, vosotros fagades e cumplades e pongades luego en obra todo lo que su Alteza por esta carta vos envía mandar.

Documento  en el que por primera vez la Princesa estampó su firma como tal, y lo hizo en la villa de Casarrubios del Monte aquel 24 de septiembre de 1468.

Al día siguiente, 25 de septiembre de 1468, el Rey vuelve a enviar nuevas cartas anunciando a los grandes, concejos, alcaldes y otras autoridades el haber celebrado el pacto de la venta de los Toros de Guisando.


Era de obligado cumplimiento que las cartas reales fueran pregonadas allí donde se firmaban y encontrara la Corte. …mandé dar esta mi carta firmada de mi nombre e sellada con mi sello, la cual mando a los mis alcaldes de la mi casa e corte que lo fagan publicar e pregonar en la dicha mi corte, e así publicada la pongan afija en la picota de la plaza pública de esta villa.

Los días que las casas reales, tanto del Rey como de la Princesa, permanecieron en Casarrubios del Monte, nuestra villa, según costumbre, fue declarada sede de la corte y, al ser de obligado cumplimiento que las cartas públicas fueran pregonas allí donde la corte residiera, aquí fueron publicadas, pregonadas y fijadas en la picota de la plaza pública de Casarrubios del Monte, haciendo a las gentes de nuestra villa ser las primeras en conocer la proclamación.

Alonso Gonsales de la Serrana, oidor del rey, y el alcalde de su corte, y Antón de Ajofrín, mandaron, con la debida solemnidad, pregonar públicamente esta carta tres veces “de verbo ad verbum con trompetas en la dicha villa e términos”. Lo cual pregonó Toledo, rey de armas de dicho señor Rey, tres veces. Una, en la puerta del palacio del Rey, otra, en la puerta del palacio de la Princesa y, la tercera, en la plaza pública de Casarrubios, “estando cada ves ayuntada muy grand número de gente a altas e inteligibles boses”, siendo testigos de ello  Fernando de Arse, secretario del Maestre de Santiago; Andrés de la Plazuela, secretario de la señora Princesa; Pedrosa, criado del señor Arzobispo de Sevilla; Ochoa de Ocón, criado del Duque de Alburquerque; los secretarios reales de la Princesa, el del arzobispo de Sevilla y demás sirvientes de las distintas personalidades que aquí se encontraban.

Esta carta y pregón fue la forma real y efectiva, en la que se proclamó a la infanta Isabel Princesa y heredera al trono de Castilla en Casarrubios del Monte.

De ese modo, aquel 24 y 25 de septiembre de 1468 se acababa de poner en Casarrubios del Monte los cimientos para que doña Isabel se convirtiera en reina, y donde Enrique IV pronunciara la famosa frase:
“en manera que estos dichos mis reinos no queden sin haber en ellos legítimos sucesores de nuestro linaje”

Ese mismo día, el Rey firmó otros documentos iguales a los del día anterior, como una carta dirigida a la ciudad de Alcaraz, abalada por los sellos y firmas del Rey y Princesa, y otra para la entrega de Baeza, tras lo cual, Enrique IV partió para ejercitar sus aficiones cinegéticas a los montes de El Pardo y Rascaría, quedándose la princesa a su espera en Casarrubios.

Así comenzaba a cumplirse las condiciones pactadas, las cuales no pasaban de ser un compromiso vacío mientras no se convirtieran en documentos públicos, por lo que Isabel aprovechó su estancia en Casarrubios para ultimar los trámites burocráticos de su proclamación y envió al bachiller Fernando Sánchez Calderón y a Rodrigo de Baeza, jurista de su entorno, con los documentos a Valladolid, con el fin de levantar testimonio ante notario apostólico. También aprovechó para hacer efectiva la entrega de la villa de Casarrubios del Monte a Gonzalo Chacón, para cuya entrega necesitó la renuncia expresa a la misma para que fuera su hermano, el Rey, quien se la entregase.

La reina doña Juana, indignada por el juramento hecho a Isabel en perjuicio de su hija Juana, “la Beltraneja”, envió desde Buitrago a Luis Hurtado de Mendoza con plenos poderes a Casarrubios, donde llegó el 28 de septiembre interpuso recurso ante el legado del Papa Paulo II, el obispo Antonio de Véneris, quien se encontraba en esta villa, protestando contra de todo lo hecho en la Venta de Guisando.

El rey volvió de sus cacerías a finales de octubre. El día 30 de ese mes está fechado en Casarrubios la concesión a Diego López de Haro de unas minas de alumbre en Alcaraz. Según el historiador Manuel de Foronda, el 2 de octubre la Princesa firmó en esta villa un nuevo documento dirigido a personajes, ciudades, villas y lugares de los reinos mandando observar y cumplir lo acordado por su padre, Juan II en 1453, y ratificado por don Enrique en 1458, lo que indica que, al menos, hasta ese día no partirían de nuestra villa camino de Ocaña.


F.- Jesús Arroyo López.

lunes, 6 de junio de 2016

FIRMADO EN CASARRUBIOS DEL MONTE EL 12 DE ENERO DE 1416

Un curioso e interesante documento que aporta algunos detalles sobre la posesión de la villa de Casarrubios del Monte a los Gómez de Toledo, y enriquece, aún más, nuestra historia.




 Se trata de un compromiso matrimonial entre don Diego Fernández de Córdoba, Mariscal de Castilla, Alcalde Mayor de Córdoba y Señor de la villa de Baena y don Pedro Gómez de Ayala, Alcalde Mayor de Toledo y Aposentador Mayor del Rey, para el matrimonio de sus hijos, Pedro López de Ayala, quien llegaría a ser el I conde de Fuensalida, y Marina (o Mariana) Fernández de Córdoba y Ayala, quien sería la futura IV Señora de Casarrubios.

Ambos otorgan y acuerdan el casamiento de sus hijos cuando estos tuvieran edad de contraer matrimonio, teniendo que esperar a que los contrayentes alcanzaran la edad de 14 años para él y, 12 para ella, puesto que, en el momento de la firma del contrato los dos eran menores de 5 años. Previamente solicitarían al Papa dispensa matrimonial por ser parientes en cuarto grado, y aseguraban y comprometían la cantidad de 20.000 florines de oro para la seguridad y observancia de las capitulaciones.

Don Diego Fernández de Córdoba y su esposa, doña Inés de Ayala, se encontraban en Casarrubios del Monte, al ser ella III Señora de esta villa desde el fallecimiento de su padre, Pedro Gómez de Toledo en 1385. Y nieta de don Diego Gómez de Toledo y de doña Inés de Ayala.

El contrato a que nos referimos, no se llevó a cabo, pues don Pedro López de Ayala (el sordo, como le señalan los historiadores), hijo de don Pedro de López de Ayala (el tuerto) y de doña Elvira de Castañeda, contraería matrimonio con doña María de Silva. Por la parte de dona Marina, existen dos capitulaciones para su matrimonio (nueve años más tarde) con don Fadique Enríquez, con quien finalmente se desposaría. Una esta firmada el 15 de junio de 1425 en la villa de Baena por don Diego Fernández de Córdoba, ofreciendo una dote a su hija de 10 florines de buen oro de justo peso  en dineros y en posesiones que lo valgan. Entregaré mi villa de Casarrubios del Monte con toda su jurisdicción civil y criminal y con todos sus vasallos  y términos.. desde el día que se case y consumare el matrimonio. El 10 de julio de ese mismo año en Valencia, don Fadrique aprueba, con el beneplácito de su padre, un poder a Alfonso de Torres para que, en su nombre, se despose con la dicha Doña Marina. 
Don Fadique y doña Marina fueron padres de doña Juana Enríquez, reina consorte de Navarra y Aragón y, por tanto, abuelos de quien llegó a ser el rey Fernando, cognominado El Católico.

En esta historia hay un pequeño detalle que no debe pasar desapercibido, y es que, ninguno de los firmantes del documento aludido podía imaginar que años después, y por vicisitudes de la historia, Enrique IV le quitaría la villa de Casarrubios del Monte a don Fadrique Enríquez, para dársela a don Pedro de Ayala (el tuerto) como pago a los servicios prestados. Aunque fuera por un corto periodo de tiempo, la villa de Casarrubios estuvo en poder de los Ayala, ya que los Reyes Católicos obligaron a su hijo, don Pedro López de Ayala (el sordo) a devolverla, para entregársela, finalmente, a don Gonzalo Chacón.

Fausto-Jesús Arroyo López.


viernes, 13 de mayo de 2016

SAN ANDRÉS, PATRONO DE LA VILLA DE CASARRUBIOS DEL MONTE



San Andrés apóstol, patrono y titular de esta villa de Casarrubios del Monte. Así figura en los documentos que hacen mención al patrono de la villa, muy posiblemente, antes de que lo fuera Nuestra Señora de Gracia.
Aunque las fiestas patronales se celebran en honor a nuestra patrona, la Virgen de Gracia, establecida a principios del  siglo XVII por la clerecía (clero secular y regular) y autoridades casarrubieras, y que los frailes de San Agustín ya habían introducido su veneración en la villa en el siglo XIV, no se debe olvidar al “protector de la villa” como figura en multitud de documentos, a quien la tradición popular ha ido olvidando, pero no por ello ha dejado de serlo. Sin confundir, o mezclar, a San Isidro o San Juan de Dios en el patronazgo de la villa. El primero, ha sido siempre el patrón de la Hermandad de Labradores, que es la que tenía dinero y organizaba su fiesta y, el segundo, es el nombre y patrón del colegio público de Casarrubios.
Nadie puede quitar y poner patronos a su libre discreción, porque  ¿quién es el ínclito y osado erudito que se atreve a ello? Aunque Casarrubios es muy dado al olvido y amante de lo último que oye, debido a la desinformación y poca investigación que se hace a cerca de su historia (caso que me recuerda al cambio de su escudo) bien debería informarse de ello.
Esta confusión o desinformación puede estar originada por algún “meapilas” que sin ningún rigor histórico, investigación o información, se ha atrevido a señalar al primer santo que le ha venido bien.
Recordemos que San Isidro empieza a existir para Casarrubios en el siglo XVII, cuando su cuerpo fue traído en 1619, durante la enfermedad que aquí paso Felipe III, y aún no había sido canonizado. San Juan de Dios, aunque en 1576 ya se le conoce en la villa como hijo de esta, aún no era santo, mientras que San Andrés, ya aparece documentado en el siglo XVII como patrono y protector de la villa, teniéndosele como tal tras la batalla de Baeza, de la que la leyenda dice que varios casarrubieros regresaron victoriosos de ella.
La palabra de “coopatronos” es algo inventado por alguien profano y desinformado que habla por decir algo y sin conocimiento de la realidad. Por tanto, los patronos de Casarrubios del Monte son; San Andrés, bajo cuya protección se puso la villa desde sus orígenes y en honor de quien se levantó la primitiva iglesia en el siglo XIV y, Nuestra Sra. de Gracia, imagen traída a la villa por los monjes de San Agustín en el siglo XIV, en honor de quien comienzan a celebrarse las fiestas de septiembre tres siglos después.

En el libro 11 de bautismos de la Parroquia de San Andrés, aparece la siguiente frase al comienzo de las partidas bautismales: por ejemplo, en 17 de abril de 1695: “En la iglesia parroquial del Apóstol San Andrés, patrono de esta villa de Casarrubios del Monte”  y sigue apareciendo así en 1699 “En la iglesia parroquial de San Andrés Apóstol, patrón y titular desta villa” Como al principio del siguiente libro (nº 12) de 1076 a 1723, donde se lee “Libro donde se escriben los que se bautizan en la iglesia parroquial de San Andrés Apóstol, Patrono y titular de esa villa de Casarrubios del Monte”
Todos sabemos que el nombre del patrón, o patrona, de ciertos lugares, suele ser llevado como nombre de muchos de sus ciudadanos. Así, en otros tiempos, el nombre de Andrés existió en, prácticamente, la totalidad de las familias de casarrubieras, siendo, cosa rara que hubiera niño que no llevara este nombre, solo o junto con otros.
Un ejemplo claro, cogido al azar, son los bautizados en unos días de noviembre y diciembre de 1701.
13-X-1701 Miguel Andrés
17-X-1701 Alonso Andrés
19-X-1701 Francisco Andrés
21-X-1701 María Andrea
4-XI-1701 Andrés
8-XII-1701 María Andrea
Y les siguen: Andrés Gabriel, Bernarda Andrea, Alfonso Andrés, Juan Andrés, Josefa Andrea…

La misma tónica se sigue el año 1713
9-10-1713 Diego Andrés
5-11-1713 Juan Andrés
19-11-1713 Manuela Andrea
4-12-1713 Bernardo Andrés
21-1-1714 Manuela Andrea
Les siguen: Pedro Andrés, José Andrés, Manuela Andrea, Tomas Francisco Andrés…

Existe un anecdótico ejemplo dado en la familia del obispo Andrés Antonio López Arroyo, hijos de Miguel López, de El Álamo y de María Arroyo, de Casarrubios, vecinos de esta villa, nacidos y bautizados en Casarrubios, donde no importa compartir el nombre de Andrés entre los hermanos
1703 Francisco Andrés (muerto tras el bautismo y antes de nacer su siguiente hermano)
1704 Francisco Andrés
1706 María Andrea
1708 Andrés Manuel
1710 Isabel
1712 Manuel
1714 Josefa Andrea
1717 Miguel Andrés
1718 Gabriel Francisco Andrés
1721 Antonio Andrés

En el libro nº 16 correspondiente a los bautismos de San Andrés del año 1769 a 1790 dice:
Libro en que se escriben los bautizados en esta Iglesia parroquial del Sr. San Andrés
Apóstol, titular y Patrón de esta villa de Casarrubios del Monte; Siendo Cura propio el Sr. Dr. D. Manuel Joachín Gallego. Año 1769. Eugenio Belasco.


F.-Jesús Arroyo López.