jueves, 10 de julio de 2014

UN POQUITO DE HISTORIA



    Cada vez que visito una ciudad, pateo sus calles en busca de sus monumentos y de su historia. En muchas de ellas encuentro gratas sorpresas relacionadas, de una u otra forma, con Casarrubios. Parece mentira, pero así es. Cuando se conoce la historia de nuestra villa, el turismo en otras ciudades te ofrece gratos hallazgos. Ahora, en Tarragona, me topé con la “Casa del Cambrer” cuya lápida de la puerta dice tratarse de un palacio gótico-renacentista, donde vivía el camarero, dignidad eclesiástica de la Seu. Sirvió de residencia real y en él murió la reina Juana Enríquez, madre de Fernando el Católico.

    Se da la circunstancia que esta reina era Señora de Casarrubios del Monte. Descendiente directa de don Diego Gómez de Toledo y de doña Inés de Ayala, cuyo Señorío pasaría a su hija, doña Inés de Ayala, de igual nombre que la madre, quien casó con Fernández de Córdoba, y tuvieron a Mariana de Ayala y Córdoba, quien recibiría la propiedad de manos de su madre, como dote al contraer matrimonio con don Fadrique Enríquez de Mendoza, II Almirante de Castilla, con quien tuvo a doña Juana Enríquez. Doña Mariana de Ayala murió siendo su hija muy pequeña, y don Fadrique volvió a contraer un nuevo matrimonio, quedando al frente de la propiedad de Casarrubios que administraría junto con los hijos de su segundo matrimonio, hasta pasarla a doña Juana, quien casó con Juan II, rey de Aragón.
En 1468 murió en esta casa doña Juana Enríquez y Fernández de Córdoba, V Señora de Casarrubios del Monte y Reina consorte de Navarra y de Aragón.

   

F.-Jesús Arroyo López.


                                                                            

miércoles, 14 de mayo de 2014

PONENCIA EN LAS JORNADAS HISTÓRICAS CELEBRADAS EN VALMOJADO
"EL SEÑORÍO DE CASARRUBIOS"



    El Ayuntamiento de Valmojado acaba de publicar la ponencia que, bajo el título Aprender a amar la historia: Señorío de Casarrubios, impartí en las Jornadas Históricas "Raices Compartidas", organizadas por su Concejalía de Cultura el 25 de abril pasado.

    Para cuantos pueda interesar la historia de dicho Señorío, la pueden encontrarla en la siguiente dirección.

    Click Aquí

   

F.-Jesús Arroyo López.


                                                                            

lunes, 28 de abril de 2014

UNA BUENA INICIATIVA



    El pasado viernes, 25 de abril se celebró en Valmojado las I Jornadas Históricas, bajo el título de “Raices Compartidas” organizadas por su Ayuntamiento.

    Se trató de un punto de encuentro y participación de historiadores y aficionados a la historia en torno al Condado de Casarrubios, que incluye los pueblos de Arroyomolinos, Casarrubios del Monte, El Álamo, Las Ventas de Retamosa, Villamanta y pueblos próximos como Navalcarnero y Camarena.

    Las ponencias versaron sobre poblamiento, caminería y geografía antigua y medieval de la zona, por Jesús Rodríguez; formación del Señorío de Casarrubios hasta su transformación en Condado, y sus principales acontecimientos históricos a cargo de Fausto-J Arroyo; por último, Ángela Crespo, disertó sobre la arqueología de la Guerra civil en la zona.

    En esta primera Jornada, los asistentes comentaron cuantas inquietudes sentías por la historia, aunque muchos lo hicieron en corrillos, una vez terminada la charla, departiern, tanto, de heráldica, genealogía, como, de la propia historia, en toda su amplitud. Desde la formación del propio Señorío de Casarrubios, como de las Guerras Carlistas o Independencia de la zona.

    Su moderador y concejal de cultura de Valmojado, David González, lanzó a las autoridades presentes, el reto a tomar el testigo para la celebración de las próximas Jornadas, en las que los ciudadanos puedan acercarse a sus raíces y participar de los debates sobre la historia de sus pueblos. Esperamos cunda esta iniciativa cultural.
El acto contó, entre otros, (de izquierda a derecha) con la asistencia de Nicolás Sánchez, concejal de urbanismo de Valmojado; Magdalena de León, Teniente de Alcalde y Concejala de Cultura de Las Ventas de Retamosa; Fausto-J. Arroyo, ponente; Alberto Gómez Mayoral, Concejal de Deportes, Juventud y Festejos de Casarrubios del Monte; Mª Teresa Paz, Alcaldesa de Casarrubios del Monte; Bonifacio Segovia, Alcalde de Camarena; Jesús Agudo, Alcalde de Valmojado; Baltasar Santos, Alcalde de Navalcarnero; Eva Mejías, Concejala de Cultura de Navalcarnero; Ángela Crespo, ponente; Jesús Rodriguez, ponente y David Gonzalez Agudo, concejal de cultura de Valmojado.

   

F.-Jesús Arroyo López.


                                                                            

viernes, 28 de marzo de 2014

UN BREVE PASEO POR LA HISTORIA DE CASARRUBIOS DEL MONTE

Puede seguirlo en:

https://www.facebook.com/pages/Casarrubios-del-Monte/1451630301724507

viernes, 7 de marzo de 2014

CONOZCAMOS ESTA GRAN PINTURA

MARTIRIO DE SAN ANDRÉS 
Óleo sobre lienzo de Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia



    Muchos habremos pasado por delante del este cuadro admirando a los personajes que, a tamaño casi real, acuden expectantes a la crucifixión del Apóstol, pero no sabemos más de él. Ahora, con la ayuda de expertos y biógrafos, vamos a intentar explicar en profundidad para conocer algo más a cerca de esta magnífica obra, que es una más de las joyas pictóricas con las que cuenta la parroquia de Santa María de Casarrubios del Monte.

    Se trata de una gran pintura de la escuela madrileña que por su calidad y tamaño, casi descomunal, 8,60 x 4,45 m. la hacen singular.

    De claras influencias del cuadro de Rubens que decoraba el altar mayor de la capilla del Hospital de los Flamencos en Madrid, por entonces, uno de los cuadros más célebres de la capital y fuente de inspiración para los pintores de la época, si bien, la mayor inspiración la tomó de otro cuadro de Francisco Rizi (1614-1685), fue pintada por Ignacio Ruiz de la Iglesia en 1696.

    El cuadro representa el martirio de San Andrés, en el momento que los soldados y sayones están clavando la cruz al suelo y atan los pies y las manos del Santo al madero para alargar su agonía y sufrimiento.
La luz incide en los personajes del ángulo inferior izquierdo, dispuestos de forma escalonada, entre los que destaca Maximila, esposa de Egeas, quien suplica a su marido, procónsul romano a caballo, perdone al apóstol, que la había convertido al cristianismo.
Delante del caballo destaca la figura a contraluz del joven soldado a pie, que con lanza y escudo dirige su rostro conmovido hacia Egeas. A este le siguen sus soldados a caballo con lanzas y estandartes ondeando al viento, entre los que no falta el lábaro o insignia romana y la banderola, en formación circular que se oculta por la pendiente del terreno dejando apenas entrever las siluetas de las lanzas, para aparecer de nuevo entre las aspas de la cruz, casi disueltos en la atmosfera luminosa del fondo rodeando la escena. En la visión celestial Jesucristo dirige el rayo divino sobre el rostro del mártir, y dos ángeles mancebos prestos a entregar a San Andrés la corona de flores y la palma del martirio, sobre un fondo de nubes y claros. No falta, como en otras composiciones del Ruiz de la Iglesia, un trozo de muralla, al fondo a la izquierda, que delimita la composición por ese lado y marca la pendiente del terreno. Al fondo, la cruz, que en un montículo, permite despegarse de la zona de la tierra, alzándose como un gigante por encima de los personajes que asisten al martirio. Blancos, azules y rosados muy delicados contrastan con verdes y rojos intensos, que producen una sensación de pintura al fresco


    En otros tiempos, el cuadro ocupó el retablo de la desaparecida iglesia dedicada al santo mártir y patrón de Casarrubios del Monte. Incendia la parroquia de San Andrés en 1822, los objetos religiosos pasaron a la de Santa María, y con ellos este lienzo que fue colocado en el testero del crucero derecho, donde el paso del tiempo le fue deteriorando hasta ser descolgado para la restauración que sufrió la iglesia en 1954, perdiendo los restos de marco dorado que le rodeaba como parte del antiguo retablo, y pasó a ser guardado en un cajón de la sacristía, donde este autor lo conoció en los pasados años 60. Su lamentable estado de conservación aumentó con un agujero de unos 80 cm. en la parte superior derecha, que fue reforzado con otro lienzo del siglo XVII con escenas de la vida de San Agustín que, para nada, tenía que ver con el propio cuadro. Desconociendo en qué momento se llevó a cabo semejante barbarie.

    La pintura fue restaurada en 1996 por Antonio Sánchez-Barriga y, ahora, el lienzo puede volverse a admirar en toda su brillantez sobre un bastidor y sin moldura, en el mismo sitio que ocupara antaño, en la parroquia de Santa María.

    El cuadro fue encargado por la parroquia de San Andrés al pintor Sebastián Muñoz (h. 1650-1690), que lo dejo inacabado al morir accidentalmente por la caída de un andamio mientras pintaba en la madrileña iglesia de Nuestra Señora de Atocha, dejando la traza y el cuadro imprimado con la composición dibujada. Dicha obra pasó a su amigo Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia (1649-1703), quien la retomó y realizó para ella unos estudios preparatorios que pueden localizarse en la Casa de la Moneda de Madrid. Aunque la mayor inspiración, como ya se ha dicho, la tomó de otro cuadro de Rizi. Ruiz de la Iglesia la adaptó a su propio estilo con gran talento, hasta el punto de llegar a crear una de sus mejores obras, firmada en 1696.

    Veinticinco años antes de encargar el cuadro de altar a Sebastián Muñoz, la iglesia ya había encargado la renovación de su altar mayor al ensamblador madrileño Pedro de la Torre (1596-1677). Un año antes de morir, el arquitecto-ensamblador afirmaba en su testamento que tenía pendiente de hacer el retablo mayor de la iglesia parroquial de Casarrubios con su custodia, que se le habría encargado, para el que había formado compañía con su sobrino Francisco de la Torre, y que probablemente nunca llegaron a realizar. Francisco Rizi fue uno de los más estrechos colaboradores en los proyectos del ensamblador, por lo que hace albergar la hipótesis que fuera a Rizi y a de la Torre a quienes primeramente se le hiciera encargo del cuadro, y que a su muerte, pasó a Sebastián Muñoz que, debido a su muerte fortuita, pasara a Ignacio Ruiz de la Iglesia quien finalmente, acabara pintando el cuadro.

    Cabe la paradoja que a Sebastián Muñoz se le considera natural de Navalcarnero, sin documentación alguna que lo certifique ni conste en aquella localidad la partida de bautismo, en cambio, es muy probable que se trate del mismo Sebastián Muñoz que en enero de 1670 entró como aprendiz por un periodo de cuatro años en el taller del pintor toledano Hipólito Torres. En la escritura de aprendizaje, con las cláusulas habituales, su padre declaraba que el muchacho era de edad de doce años y natural de Casarrubios del Monte, localidad muy próxima a Navalcarnero y para la que Sebastián Muñoz, en el momento de su fallecimiento, estaba pintando el cuadro del Martirio de San Andrés. Cuentan que Sebastián Muñoz era muy aficionado al baile y el accidente le sobrevino al estar marcándose unos pasos en el andamio mientras pintaba.

   

F.-Jesús Arroyo López.


                                                                            

lunes, 24 de febrero de 2014

CONVENTO DE SAN AGUSTÍN

El convento de San Agustín fue un monasterio de la Orden de los agustinos existente en Casarrubios del monte desde el siglo XIV al XIX. Su origen se remonta a la existencia en sus alrededores de unos Caballeros de la Orden del Temple que en época de la reconquista ocuparon la Basílica de Santa María de Abajo y, tras su disolución en el siglo XIV, algunos se convirtieron en eremitas de la Orden de San Agustín y, muy posiblemente, por la ruina de la Basílica se trasladarían a extramuros de la villa, como ya lo veían haciendo el resto de los habitantes de la zona.




Hacia el año 1354 se fundó una mísera casa convertida en convento y, una veintena de años más tarde, ya en 1372, recibieron la ayuda de los Señores de Casarrubios, don Diego Gómez-Pérez de Toledo y de su mujer, doña Inés de Ayala. El matrimonio impulsó a los frailes a la refundación del monasterio llevándoles a una nueva ubicación, para lo que dichos Señores entregaron a Fray Juan de Ocaña unas casas en las que construir el nuevo convento de la Orden de San Agustín, que fue bastante espacioso y cómodo.
Las donaciones no debieron ser las únicas, pues el 31 de mayo de 1375, doña Inés de Ayala hizo entrega al monasterio de las casas de la judería, cercanas a la iglesia de San Andrés, lo que indica la prolongación de las obras. En ese tiempo, se designó Prior, y se llegó a un acuerdo con la familia Ayala para que en el monasterio hubiese doce frailes, de los cuales, al menos, seis de ellos debían ser sacerdotes. Las obras continuar otros diez años más, según afirmaba don Pedro Suárez, hijo del matrimonio benefactor, en su testamento fechado en agosto de 1383. En él mandaba se acabasen las obras, para las que su padre dejó 15.000 maravedíes, pedía ser enterrado delante del altar mayor y creó tres capellanías perpetuas por su ánima, dejando para ello toda su heredad de Tormantos. Se desconoce si, finalmente, y tras su última voluntad, don Pedro fue sepultado en el covento, ya que murió guerreando en Portugal ese mismo año.

En el siglo XV, Fray Alonso de Ravanal, provincial de la Orden, dio una carta de hermandad a los que ayudaran a la edificación de la iglesia y, un siglo más tarde, se acometieron grandes mejoras que pasarían por una nueva construcción de la iglesia que en 1610 se encontraba totalmente derruida, por lo que se firmaron escrituras de la demolición de las ruinas existentes y construcción de una nueva iglesia y capilla, por un importe de 3.600 ducados y una duración de dos años. La falta de dineros llevaron a que en 1689 se dictara una Real Cedula concediendo licencia para pedir limosna en las Indias por tiempo de seis años con el objeto de acabar la capilla de Nuestra Señora de Gracia de la villa de Casarrubios del Monte.

En los archivos de esta casa se encontraban importantes documentos como la Bula expedida en Roma el año 1479 por el General de la Orden Fray Ambrosio Massario, comunicando a toda la Orden los privilegios de Pavía, la Bula con los privilegios que el Papa Gregorio XIII concedió el 3 de abril de 1584 al altar de San Nicolás de Tolentino en la iglesia de este monasterio, siempre que los sacerdotes conventuales del mismo celebraran en él por los difuntos. También se encontraba la Bula que concedió el Papa Paulo V en San Marcos el día 22 de septiembre de 1611 a este convento, con facultad para fundar una cofradía de Nuestra Señora de Gracia, e indulgencia plenaria a sus cofrades en el día de su ingreso y otras parciales en varios días del año. El convento tenía por advocación a esta Virgen, en cuya iglesia se veneraba su imagen de gran valor, traída de Portugal y famosísima por sus continuos milagros, cuya fiesta se celebraba el jueves inmediato al 8 de septiembre.

En los años 1452 y 1470, aquí se celebraron dos capítulos provinciales de los agustinos de España. En 1541 se hospedó en él el general de la Orden Jerónimo de Seripando. En 1454 fue prior del convento el Padre Diego de Abanza. Aquí profesó en 1590 Fray Alonso de Méntrida, que marcho a Filipinas en 1598, de cuya provincia fue elegido Superior Mayor en 1623, muriendo en Manila a principios del año 1637, dejando escritas, entre otras obras, un Catecismo de Doctrina Cristiana en lengua bisaya. De él salieron decenas de frailes para la evangelización de las Indias y Filipinas, como Tomás de Ayala, Juan de Subijana, Juan Ayllón, Francisco de Aguirre, Pedro de Guevara, Francisco de Vara, Juan Pimentel, Cristóbal de Osma, Gabriel González, y así, una larga lista de ellos que incluían algunos naturales de esta villa como Luis y Hernando de Bustamante. En 1769 el convento era habitado por 10 individuos, 1 donado, 1 sacristán, 2 criados y 8 solteros. El censo del Conde de Aranda de ese mismo año dice haber 16 hermanos de órdenes religiosas. El monasterio atendía al ministerio del confesionario, predicación y asistencia a los moribundos de la villa.

En 1835 los frailes abandonaron el convento debido al decreto de exclaustración de Mendizábal, conservándose de él la fachada principal del edificio treinta años mas tarde, pasando a completa ruina en 1910, del que solo quedaba algún resto de sus muros. El valor arquitectónico del convento no debió de ser destacable, acorde con la sencillez de su interior, incluida su iglesia, que solo contaba con el sepulcro de mármol blanco y negro bastante bien adornado de su patrono, según cuenta Madoz en su diccionario Geográfico, con relieves de algún mérito, colocado en la iglesia al lado del Evangelio, junto al altar mayor, con la siguiente inscripción:

  Soli Deo honor et gloria.
 Aquí yace Bernardo de Oviedo y Puelles, del Consejo de Rey N.S.Don Felipe III y IV, su secretario, y de los descargos de las majestades cesáreas y católicas de los reyes de Castilla, mayordomo mayor del Excmo. Sr. Don Bernardo de Sandoval y Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, arcipreste de Guadalajara; primero y perpetuo patrono de este santo convento, él y sus sucesores: murió en 1649, R.I.P. 

 Don Bernardo de Oviedo y Puelles nacido en esta villa, donde fue bautizado el 22 de diciembre de 1574. Pertenecía a la clase de los hijosdalgo y fue sacerdote y arcipreste de Guadalajara, entró como secretario del Arzobispo Sandoval y Rojas y, posteriormente, secretario de Felipe III. Llegando a ser Secretario de los Reales Descargos. En 1631 firmó con el convento la escritura de patronazgo que le daba derecho, entre otras cosas, a colocar sus armas en la iglesia, a ponerle silla alta entre las gradas y el altar siempre que le pareciere y no a otra persona. El convento debía de darle sitio, cuando lo quisiera, en la parte del altar para por la parte de fuera, labrar el aposento o aposentos que quisiere con ventana de reja y puerta al dicho altar mayor, de los cuales aposentos y ventana ha de tener la llave el patrón y de su puerta que abre al altar la tendrá solo el prior, y por supuesto derecho a ser enterrado en la iglesia del convento, por lo que él mismo mandaría edificar su sepulcro en 1634. A cambio el convento recibiría una renta de 350 ducados y una limosna de 110 reales al morir.

También estuvo sepultado en la Capilla Mayor de este convento el caballero don Fernando Sánchez Bustamante y Claramonte, vecino de Illescas y descendiente de Carlo Magno, el cual tuvo que hacer probanza de su nobleza. Muerto en 1457, yacía en un sepulcro al lado del evangelio, con tres losas en las que se encontraban las armas de su apellido.

Hoy dia, la única pieza de la fachada que se conserva, es la imagen de la Virgen de Ceuta, reproducción del siglo XVI-XVII en piedra, que se encuentra en la portada de la iglesia de Santa María.

Las propiedades que llegó a poseer el monasterio se extendían por todos los pueblos de los alrededores, incluso algunos más lejanos. Como ejemplo de ello, citar el arriendo que el prior, Fr. Bernardo Luzio, y Fr. Francisco Sánchez, procurador del convento, hicieron en 1755 de las propiedades que poseían en Lominchar, arrendando por nueve años las tierras y diezmos a Gabriel Barrera, vecino de la villa de Villanueva de la Sagra. En total comprendían un total de 21 tierras (111 fanegas, 4 celemines y 25 estadales de marco de 600 estadales la fanega), por lo que debía pagar 55 fanegas de trigo, las 30 por la renta de las tierras y las 25 restantes por los diezmos de los frutos que produjesen, fueran pocos o muchos.

En lugar donde se levantara el convento, junto a la iglesia de San Andrés, hoy lo ocupa el colegio público, no apreciándose vestigio alguno que de testimonio de la construcción de antaño.

F.-Jesús Arroyo López.

domingo, 16 de febrero de 2014

CAPILLA DE LOS VÉLEZ Y CASTILLO DE CASARRUBIOS




La capilla fue mandada edificar como lugar de enterramiento por don Juan Chacón, Adelantado de Murcia e hijo de don Gonzalo Chacón (sí, el de la serie Isabel de TVE) y Señor de Casarrubios del Monte, no llegó a desempeñar su uso como tal.

Exterior de la capilla de los Vélez
 Don Juan Chacón, íntimo amigo de la reina Isabel desde su niñez, contrajo matrimonio con doña Luisa Fajardo, hija de don Pedro Fajardo, anterior Adelantado de Murcia, quien heredó dicho cargo y, por consiguiente, don Juan Chacón, ascendió a la nobleza y fue Capitán y Adelantado mayor del reino de Murcia.

 El matrimonio tuvo ocho hijos, de ellos, tres fueron varones; Pedro Fajardo Chacón (llevaba por delante el apellido de la madre), quien al morir el padre heredó el Adelantamiento y Señorío de los Vélez; Gonzalo Chacón Fajardo, que recibiría el mayorazgo y Señorío de Casarrubios del abuelo paterno y; Fernando Chacón Fajardo, quien fue Comendador de Aranjuez y ostentó varios cargos cercanos a la realeza.


Portada del castillo de Casarrubios del Monte

 Durante su mandato como Adelantado de Murcia, y sucesor del señorío de Casarrubios de su padre, don Juan Chacón mandó levantar varias construcciones, entre ellas el castillo de Casarrubios del Monte que, contra la voluntad de su progenitor, quería que fuera el emblema de su señorío en tierras toledanas. Por eso, este castillo, a pesar de tener traza militar, siempre se ha considerado un castillo señorial. La otra construcción fue la capilla de los Vélez en la catedral murciana, considerada la joya del templo. Don Juan Chacón murió en 1503, y ambas construcciones quedaron paralizadas al ser sufragadas con dineros del Adelantado .

Armas de Chacón en el exterior de la capilla

 Don Pedro Fajardo, como Adelantado de Murcia, retomó las obras de la capilla hasta su conclusión, en la que colocó las armas Chacón-Fajardo de la familia, en gran difusión por dentro y por fuera, además de las armas Chacón de su padre sostenidas por dos tenentes salvajes de origen medieval.

 Peor suerte corrió el castillo de Casarrubios del Monte. La suspensión de los capitales que sufragaban las obras, unido a la falta de interés del abuelo y la reclamación de herencia por parte de doña Inés Manrique, segunda esposa y, ahora, viuda del padre, más los pleitos contra Segovia por el caso de Navalcarnero, llevaron a un inacabado castillo que hubiera sido una copia pequeña del de Coca en Segovia. Más tarde, vendrías otros descendiente que intentaron retomarlas, pero la escasa necesidad de un costoso emblema para el señorío, nos ha privado de contemplar la majestuosidad con la que fue proyectado.

                                      Castillo de Casarrubios del Monte

 Tanto en uno, como, en otro, se colocaron los escudos de la familia Chacón-Fajardo, que podemos ver en la capilla de los Vélez, en Murcia, y en el castillo de Casarrubios del Monte. Pero este escudo, se volvió a colocar, una vez más, en el castillo palacio que don Pedro Fajardo Chacón, ya marqués de los Vélez, construyo en Vélez Blanco, en la comarca almeriense de los Vélez, pero con los cuarteles cambiados; Fajardo-Chacón, en lugar de Chacón-Fajardo como los anteriores. De ahí viene que la relación entre ambas edificaciones.


                        Casarrubios         Málaga               Vélez

  F.-Jesús Arroyo López.

Bienvenidos a mi página

jueves, 23 de enero de 2014

¿SABIAS QUE…?



   Donde hoy se encuentra el colegio público, existió hasta el siglo XIX un famoso convento de agustinos del que salieron monjes a la evangelización de las Indias y Filipinas. .

    En el lugar que se encuentra la casa parroquial, hubo hasta los años sesenta del siglo pasado, un hospital para mujeres pobres naturales de Casarrubios, fundado por Pedro de Castilla, alcalde de los hijosdalgo de la villa, que se sustentaba con un molino de aceite, propiedad de dicho hospital.

    En la plaza de Casarrubios fue donde primero se proclamó, oficialmente, a la infanta Isabel como heredera al trono de Castilla. En ella se pregonó la carta que el rey Enrique IV firmó es esta villa el 24 de septiembre de 1468, mandándola a villas y ciudades dando a conocer su decisión.

    Lo que hoy conocemos como hospital, son los restos de un hospital refundado en 1530 con el nombre de Corpus Christi. Dicho hospital, se edificó sobre otro ya existente de mediados del siglo XIV. Restaurado en 1555 por el cura de la parroquia de San Andrés, don Rodrigo de Vivar y, vuelto a refundar en 1794 por Antonio de Arce y Acuña. Dicho hospital se mantenía con las rentas de tierras y tributos a él pertenecientes y llegó a funcionar hasta bien entrado el siglo XIX.

    La villa de Casarrubios del Monte fue la cabecera del sexmo segoviano que aún lleva su nombre, al él pertenecían pueblos como El Escorial, Robledo de Chavela, Chapinería, Valdemorillo, las dos Moralejas… y llegaba hasta Casarrubios, el más alejado de Segovia.

    La Torre Mocha es el único resto arqueológico de la imponente iglesia de San Andrés, destruida por la caída de un rayo en 1825.

    La Picota en un rollo de justicia originaria del siglo XIV. Esta “reliquia del tiempo” y valiosísimo patrimonio histórico, parece que se calló a finales del siglo XIX. Mal reconstruida, volvió a levantarse a principios del XX y, sin el menor criterio ni investigación, se ha hecho una burda réplica o “pastiche” que, colocado en la plaza, quiere dar testimonio de aquel rollo de justicia que en otros tiempos señalaba el poderío del Señor de Casarrubios.

    En la calle de la Veracruz existió una pequeña ermita, de la que tomó nombre la calle. Y, otra más, al final de la calle Empedrada, llamada San Antón, de la que alguno habrá conocido restos de su cimentación.

    El hoy llamado palacio, solo lleva el nombre y parte de la portada de lo que en otros tiempos se le llamó palacio de los condes de Miranda. Fue habitado por los señores y condes de Casarrubios desde su construcción a finales del siglo XV y llegó a su completa ruina a finales del XIX.

    El castillo o “fortaleza nueva”, como así le llamaban los lugareños para diferenciarle de la otra fortaleza o torreón sita en la patio del palacio, fue una construcción comenzada hacia 1484 y que nunca llegó a concluirse.

    La calle de Portugalejo, en principio, fue llamada de la Ronda, por ser la que bordeaba la muralla terrea que, en otros tiempos, rodeaba la villa.

    Los escudos nobiliarios que aún se encuentran en algunas de las casas de la población se deben a los muchos que había en el siglo XVI, ya que Casarrubios fue una de las poblaciones de mayor tradición nobiliaria de Castilla la Nueva junto con Toledo, Madrid y Guadalajara.

    A principios del siglo XVII Casarrubios fue un importante productor de estameñas; tejido de lana empleado, principalmente, para confeccionar, sobre todo, vestiduras talares eclesiásticas.

    En el siglo XIX la villa de Casarrubios del Monte era una de las pocas de Castilla la Nueva que poseían escudo propio. Armas que ya traía desde el siglo XVI, y que la ignorancia de los ediles decidió cambiar por otras que nada tienen que ver con la villa.

    Con frecuencia, y por desgracia, en algunos edificios municipales de Casarrubios, nos encontramos con la famosa placa de    "este edificio fue construido siendo alcalde…”, claro ejemplo de la egolatría de los ediles del momento, en menoscabo de otros monumentos, hechos y lugares merecedores de ser recordados con alguna información sobre su pasado que, a buen seguro, sería mejor valorado, al igual que hacen otros pueblos mostrando su interés en recuperar cualquier vestigio histórico por pequeño que sea, adecentándolos y dándolos a conocer a sus ciudadanos y visitantes.

    En sucesivos artículos iré explicando algunos de los monumentos que existieron en nuestra villa, de los que aún existen, y de hechos acaecidos en ella, ayudando a conocer el pueblo donde nacimos y a disfrutar de la historia del lugar donde se vive..

F.-Jesús Arroyo López.


                                                                            

martes, 17 de diciembre de 2013

LA POBLACIÓN HEBREA EN CASARRUBIOS DEL MONTE

 

Desde mediados del siglo XII, con las migraciones de los judíos a las zonas cristianas de la Península, acentuándose tras la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, y hasta los albores de la toma de Granada, las zonas de Castilla se vieron habitadas por gran número de judíos. Casarrubios del Monte no iba a ser una excepción, el estar alejada de las grandes ciudades donde el acoso a este grupo étnico era continuo, favorecía su aumento.
El mayor auge lo tuvo en tiempos de Enrique IV, donde los cobradores de alcabalas y algunos oficiales de este monarca, vecinos de Casarrubios, eran judío. Alcanzando el mayor número de población judía a finales del siglo XV.
Aunque los censos no diferencian entre judíos y cristianos, sí señalan los tributos que estos debían pagar, lo que permite conocer que dicha población era numerosa. Las alcabalas que pagaban los judíos de Casarrubios del Monte fueron las siguientes:
                  
Impuestos anuales año     1474 ........  1.000 maravedíes
      “             “          “          1482 ........  1.000      “
 “            “          “          1592 ........  1.000      “
Tributos      “          “           1481 ........  9.820      “
“              “          “          1485 ........      34 castellanos
        
      El valor de 1 castellano en 1483 equivalía a 485 maravedíes.

En 1474 se repartió una contribución entre las juderías de Castilla de 450.000 maravedíes, de las cuales a la de Casarrubios le correspondieron 1.000 maravedíes que, distribuidos entre las familias judías de la villa, a cada una le tocó pagar 50 maravedíes. Cantidad que se repetiría en los años 1484, 1485, 1490 y 1491 que, sumado a los pagos de altos impuestos en el periodo cercano a la guerra con Granada, fue aumentando paulatinamente con el fin de sufragar dicha contienda. La comunidad judía llegó a soportar una carga impositiva de 9.820 maravedíes en 1481 y 16.490 en 1485.
La población de Casarrubios rondaría los 3.000 habitantes hacia 1474, de los cuales, 150 serían judíos, sin embargo, en el siglo XVI, tras la expulsión, se denota una lógica disminución de la población. Las alcabalas que pagaban los judíos se redujeron de 16.490 a 1.000 maravedíes, lo que hace suponer que en esta fecha quedarían en el pueblo unas 10 familias de judíos bautizados o judíos-conversos.

El profesor Haim Beinart, especialista en temas hebraicos, a través de sus escritos ha permitido, que hoy se conozcan aspectos sociales sobre la vida, costumbres y ritos practicados por las familias judías y judío-conversas o judaizantes que habitaban Casarrubios del Monte en el siglo XV, así como las relaciones que mantenían con el resto de ciudadanos cristianos de la población.
Se conocen algunos nombres de las familias judías que habitaban nuestra villa en esa época: la de los Husyllo, con Fríame Husyllo, Salomón y su esposa Jamila, Abraham y su hermano Mose Husyllo, Samuel Abenjamín, zapatero; Jaco Arugo, también zapatero; Isaque Jayti, que era sastre; Buen Açemayas, tundidor de paños. Algunos fueron bautizados y adoptaron nombres cristianos  convirtiéndose en judíos-conversos, como Juan González de Madrid y su esposa, matrimonio al que la inquisición condenaría tras un largo proceso, pero esto es otra historia... Estos gozaban de cierta posición, contando entre sus criados con varios judíos y alguno cristiano, como Juana la Vaqueriza y Mari Sánchez, criadas en casa de este matrimonio de conversos, Alonso de Guzmán, Diego y Catalina, hija de Casanueva, etc.

Entre las costumbres que practicaban los judíos en Casarrubios, se pueden citar el ritual llevado a cabo cuando falleció el padre de Juan González. Al fallecido se le hizo una almohada de tierra para que en ella apoyara la cabeza, con la intención de establecer la unión entre el cadáver y la tierra virgen, por lo que se le perdonarían diversos pecados. Los hijos, que eran los más allegados, se rasgaron las vestiduras y celebraron en mesas bajas la comida de luto, en la que se sirvieron huevos y pescado. Los parientes del difunto, vestidos con trajes judíos, rezaron por él en su casa, pasando posteriormente a la sinagoga de Casarrubios, donde elevaban plegarias por el fallecido, guardando luto durante siete días. En cuanto a las fiestas que celebraban, eran las normales entre el pueblo judío.

En 1480, en la villa de Casarrubios del Monte, previo a la guerra con Granada, que dio paso a la expulsión definitiva del pueblo judío de España, nos encontramos con una  población amurallada, de la que se salía a través de sus tres puertas. Fuera, una fortaleza comenzada a construir al norte y una enorme iglesia-fortaleza al sur. Gran número de sus habitantes eran judíos y, aunque existía la judería, casas pequeñas con habitaciones reducidísimas, donde se encontraba la casa del rabino que atendía a la comunidad, y por supuesto la sinagoga donde practicaban sus ritos y oraciones, no todos vivían en ella.

Es de especial importancia encontrar documentada la existencia de una sinagoga y de la casa del rabino, en un documento fechado el 31 de mayo de 1375, mediante el cual, aparece "Doña Inés de Ayala, la hija de Ferant Pérez de Ayala y su mujer que fue de Diego Gómez, quien fuera Alcalde Mayor de Toledo" trasfiriendo al Monasterio Agustino de Casarrubios algunos bienes, entre otros “ ... las casas de la judería, sin la sinagoga y sin la casa del Rabí, que es de dicho lugar Casarrubios”

La sinagoga, que documentos y testigos refieren en este lugar, existencia lógica por la colonia numerosa de judíos que aquí habitaba, no señalan su ubicación exacta, pudiendo haber estado enclavada en dos lugares diferentes; uno es el que hoy ocupa el hospital del Corpus Christi, que en sus comienzos se instalara en la sinagoga que había perdido todo uso. El otro pudo ser donde más tarde se levantó la Parroquia de Nuestra Señora de la Natividad (Santa María), que si la salida de España de los judíos no conversos fue en julio del año1492, se supone que a partir de esa fecha dejó de tener sentido un templo judío, aprovechando los terrenos para levantar un nuevo templo cristiano que comenzó a edificarse en 1511, a los diecinueve años de haber dejado de utilizarse la sinagoga, considerada, dentro de las principales de España, como una de las de cierta relevancia del Arzobispado toledano, junto con las de Maqueda, Ocaña, Talavera y Toledo.

De la convivencia existente entre ambas culturas, se originaron ciertas relaciones sentimentales, fruto de las cuales, naciera a finales del siglo XV Juan de Dios o Juan Ciudad, como así lo afirman vecinos de Casarrubios en 1576, diciendo ser natural de esta villa

“el que fundo el famoso hospital de Granada”.

Cercano a la fecha de nacimiento de este personaje, se ejecutó en la villa a un judío precisamente por haberse “entendido” con una cristiana. Estos “hijos del pecado” eran silenciados y obligados a desaparecer, escondiendo su identidad, errando por otros lugares, lo que provocaría la marcha de Juan Ciudad, lo que hace difícil hallar sus raíces a biógrafos y estudiosos, pero que los vecinos del pueblo lo tenían muy claro cuando aún no había pasado un siglo de que este niño, solo o con su madre, salieran del pueblo.

Hay autores que coinciden en afirmar en ciertos escritos que San Juan de Dios fuera de esta villa, como por ejemplo M. A. García Olmo quien dice:
“...hace casi cinco siglos un oscuro soldado de Casarrubios del Monte (Toledo), que, habiendo oído predicar a San Juan de Ávila, vendió sus bienes y se tiró como un demente (llegaron a internarle creyendo que estaba loco) a socorrer a los que nadie se molestaba en mirar siquiera. Hoy es venerado como San Juan de Dios, su obra brilla y se halla extendida por el mundo”.

O Fray José Luis Martínez Gil, antiguo farmacéutico del Vaticano, quien tras largos años de estudio, también afirma que San Juan de Dios nació en Casarrubios del Monte en el año 1495, hijo de padres judíos, y no en Portugal, como su primer biógrafo lo sitúa, tal vez, con la intención de tapar su ascendencia judía y, por último, el descrito en este mismo blog, don Ángel Basteros Sahorí, quien lo afirma en su novela La Cruz de Casarrubios, Juan de Dios Santo y judío. 

F.-Jesús Arroyo López

jueves, 21 de noviembre de 2013

UN ELEFANTE EN EL CONVENTO DE MONJAS



La afición de la reina Isabel de Farnesio por coleccionar animales exóticos, hizo que Carlos III siguiera la tradición de buscarlos en países alejados, lo que hizo traer desde Filipinas un elefante que el Nabab Hider Alican de Carnate había regalado a don Simón de Anda y, tras recalar en algún puerto de las Indias, llegó a Cádiz en 5 de septiembre de 1779.

A la muerte de D. Simón de Anda y Salazar, presidente de la Audiencia de Manila y posterior Gobernador y Capitán General de las Islas Filipinas, su sobrino, D. Juan Francisco de Anda, gestionó y financió el traslado del elefante con 20.000 reales, junto con su primo D. Tomás de Anda y Salazar, Secretario Asistente de la Secretaría de Indias, hijo de D. Simón. Designaron a Pedro Barea, especialista en trasportar los animales que venían de América con destino a la Corte, de trasladar el elefante desde Cádiz a Madrid, donde, tras algunos días de exhibición en el Retiro, sería llevado a Aranjuez, no sin antes encargar a Barea pasara por Casarrubios del Monte y se detuviera en el convento de las monjas Bernardas para que la comunidad pudiera admirar al animal. El evento, que revolucionaría convento y población, no se debió a una circunstancia fortuita, ya que en dicho convento profesaba una hermana de D. Tomás de Anda y Salazar llamada María Joaquina de la Encarnación.

 La relación que los Anda Salazar, padre e hijo, tuvieron con esta villa de Casarrubios del Monte, es notorio por los documentos aquí firmados en fechas anteriores y posteriores al hecho narrado, debido, principal-mente, a que en el monasterio de las Bernardas de esta villa, como queda dicho, se encontrara como profesas una hija y dos sobrinas de don Simón, al parecer, hijas de un hermano suyo, también, llamado Tomás; María Asensia de San José e Isidra de San Francisco. Datos confirmados por una carta que don Simón de Anda y Salazar firmó en Manila el quince de agosto de 1775, pidiendo a Julián de Arriaga cien pesos anuales para su hija y sobrinas en el convento de Casarrubios.


  Siguiendo con la historia de Sundapari, que así se llamaba la elefanta, pues se trataba de una hembra de cinco años que padecía dolores en las patas debido a su largo viaje de dos años y medio, no siendo obstáculo, sin embargo, para que el animal estuviera en el convento en fechas inmediatas al mes de diciembre de 1779 en que, finalmente, se instaló en Aranjuez, donde moriría a los nueve meses.


¿QUIENES ERAN LOS ANDA Y SALAZAR?

 D. Simón de Anda y Salazar nació el 28 de octubre de 1709, en un pueblo llamado Subijana, en la provincia de Álava. Cursó estudios en la universidad de Sigüenza y Alcalá, alcanzando los grados de maestro en artes y doctor en leyes en la universidad de Henares, en la que fue ordenado de primera tonsura, aunque no ejerció el sacerdocio, pero sí la abogacía en Madrid, periodo en el que parece llego a contraer matrimonio (1735) con la, también, alavesa María Cruz Díaz de Montoya y Vallejo, con la que tuvo dos hijos. Una hija llamada Joaquina, que ingresó en el convento de Casarrubios y, Tomás. Dos años más tarde se incorporó a la Academia de Santa María de Regla, donde se especializó en la nueva Ley de Indias. En 1755 fue designado oidor de la Audiencia de Manila, para donde saldría cinco años más tarde, tardanza, que se supone, motivada por el fallecimiento de su esposa, pues a punto de realizar la travesía a las Filipinas, hace testamento en el que dice ser viudo y lleva con él a su hijo Tomás de catorce años.
Antes de embarcar para las Filipinas, don Simón de Anda pasa por el convento de Casarrubios del Monte en el que deja en clausura a su hija Joaquina con unas primas suyas.
A los seis meses de haber tomado posesión como Magistrado de la Real Audiencia, Corte y Chancillería de Manila, (julio de 1761)  tuvo que hacer frente al intento de invasión de las fuerzas inglesas, poniéndose al frente de la defensa del archipiélago, que le valió ser proclamado teniente general y gobernador de aquellas islas, cargo que ostentó hasta 1764 en que volvió a España, donde se le dio el cargo de Consejero de Castilla.
En este periodo de tiempo, don Simón visitó a su hija en el convento de Casarrubios, tiempo en el que, nuevamente, volvió a ser nombrado Gobernador de Filipinas, ocasionando fuera en esta villa donde comenzara a preparar el nuevo gobierno de aquellas tierras, como lo demuestran las cartas dirigidas a D. Julián de Arriaga,  Secretario de Estado y del Despacho de Marina, explicándole la imposibilidad de llevar a cabo sus ideas sobre la organización del gobierno de aquellas tierras sin caudal conveniente para ello, firmadas en Casarrubios del Monte el 9 de agosto de 1769.
Al año siguiente volvió a Filipinas, islas que gobernó hasta 1776 en que le llegó la orden de relevo con el sueldo de Consejero de Castilla y su vuelta a España, orden que no pudo recibir por su fallecimiento en Manila ese mismo año, dejando por albacea a su sobrino Juan Francisco de Anda, oidor de la Audiencia de Manila.

Su salud comenzó a sentirse quebrantada tras conocer la revocación de sus acuerdos, la censura a su conducta y el cese de su segundo mandato como Gobernador de Filipinas, que le hizo buscar alivio en la hacienda que los recoletos tenían en Imus. Al agravarse su estado fue trasladado al hospital de San Felipe de Cavite, donde falleció el 30 de octubre de 1776, a los 66 años.

Su hijo, don Tomás de Anda y Salazar, cuando a los catorce años marchó a Filipinas, era de  estatura corta, cuerpo blanco y rubio y de estado soltero. Allí ejerció de Oficial Mayor de la Secretaría de Estado del Despacho de Gracia y Justicia. Siete años después embarcó en el puerto de Chivite en el navío “Nuestra Señora del Buen Consejo” que le devolvería a España. Aquí contrajo matrimonio en 1769 con doña María Francisca Carrasco Téllez. 
El 8 de agosto de 1784, aparece por primera vez relacionado con el convento de monjas de Casarrubios, al que hizo donación a modo de limosna de unas casas propias valoradas en 1.300 reales  situadas en la calle Real que da a la plazuela de Palacio, y baja a la puerta del Sol, Pósito y Caño, de esta villa, que lindaban con el convento y casa de doña María Teresa Delgado Monroy que, las tenía D. Rodrigo Antonio Benítez de Rivera, vecino de Madrid.
Las visitas que realizó a Casarrubios parecen sucederse por tiempo prolongado, como lo demuestran las cartas dirigidas a D. José de Gálvez, Secretario de Estado de Indias, firmadas en Casarrubios el 20 de septiembre de 1784.
D. Tomás de Anda y Salazar fue Caballero de Carlos III y Oficial de la Secretaría de Estado. Murió el 27 de febrero de 1790 en Madrid, a la edad de 45 años. 

F.-Jesús Arroyo López.


                                                                            

martes, 12 de noviembre de 2013

FERNANDO FERNÁNDEZ GÓMEZ, ILUSTRE CASARRUBIERO

A finales del 2011 terminé de escribir el libro “Casarrubieros” que, por cuestiones de austeridad, aún no ha sido publicado. En él doy cuenta de más de un centenar de hijos ilustres de esta villa, que destacaron en los siglos XV al XIX y de los que habla la historia.
Mi propósito ha sido darles a conocer, sobre todo en Casarrubios, donde nacieron y caminaron, sin recibir el más mínimo homenaje de sus paisanos. Ninguno de ellos han sido “profeta en su tierra”, en la que poco, o nada, se conocen sus andanzas, a pesar de distinguirse en armas, religión, política, medicina, farmacopea, literatura, docencia, etc., incluyendo en el mismo a cuantos decidieron tomar el camino de las Indias, recientemente descubiertas, como conquistadores o colonos. De cualquier forma, pioneros en ellas
 Siguiendo el propósito de que dicho libro fuera escrito íntegramente por casarrubieros, nada mejor que pedir a otro querido paisano, me lo prologara, quien de haber continuado el libro hasta nuestros días, a buen seguro contaría entre sus páginas. Tenemos la suerte que esté entre nosotros y, al igual que los anteriores, tampoco, es profeta en su tierra, pero sí fuera de ella, donde recibe cantidad de homenajes. El próximo 15 de noviembre se le rinde uno muy especial y merecido en la localidad de Candeleda  (Ávila), población que ha decidido poner su nombre a una calle de la localidad, en la que ha llevado la dirección de las excavaciones arqueológicas en el yacimiento de la Edad del Hierro de El Raso. Ceremonia a la que he tenido el honor de ser invitado.
Se trata de D. Fernando Fernández Gómez, un casarrubiero que nació hace 73 años en la calle del Embudillo y que muy joven se trasladó a Madrid, donde cursó estudios y se doctoró en Historia por la Universidad Complutense. Sin olvidar el pueblo que le vio nacer, a él volvía cada verano a pasar unos días en compañía de familiares y amigos con los que jugar sus partidos de futbol en eras y calles, y donde aún le sigue recordando. Afincado en Sevilla, nunca ha renunciado a su naturaleza casarrubiera que pregona siempre que la ocasión se presenta.
Don Fernando ha dedicado su vida a la historia y a la arqueología, es miembro del Instituto Arqueológico Alemán y de la Institución Gran Duque de Alba, del Consejo Superior de Investigación de Ávila, y Académico de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla de la que es su Secretario General. Además ha desempeñado los cargos de Profesor de Prehistoria en la Universidad Complutense de Madrid, Profesor del Master de Museología de la Universidad Complutense de Madrid, Conservador del Museo Arqueológico Nacional de Madrid, Director de las excavaciones arqueológicas en el yacimiento de la Edad del Hierro de El Raso de Candeleda (Ávila), desde 1970, Como responsable de las excavaciones de urgencia en la provincia de Sevilla ha dirigido excavaciones en el casco urbano de la capital, en Valencina de la Concepción, necrópolis de Chichina (Sanlúcar la Mayor), basílica de Gerena, Cerro Macareno (La Rinconada), Orippo (Dos Hermanas), y otros yacimientos.
Director de los Conjuntos Arqueológicos de Itálica y Carmona, y del Museo Arqueológico de Sevilla durante 25 años, miembro de la Junta Superior de Museos del Ministerio de Cultura, Director de excavaciones en las misiones arqueológicas de Egipto y Sudán, Director del Equipo de Investigación del Museo Arqueológico de Sevilla, Conservador Jefe del Departamento de Investigación del Museo Arqueológico de Sevilla,
Miembro de diversos equipos de investigación, es autor, sólo o en colaboración con los miembros de los otros equipos, de más de un centenar de publicaciones, entre las que merecen destacarse: "Excavaciones arqueológicas en El Raso de Candeleda", Ávila, 1986; "La basílica y necrópolis paleocristianas de Gerena", Noticiario Arqueológico Hispánico, 1987; "La Lex Irnitana y su contexto arqueológico". Sevilla, 1990; "La Edad del Hierro", en Historia de Ávila, Ávila, 1995; "El Senadoconsulto de Gneo Pisón padre", Sevilla, 1996; "Excavaciones en la necrópolis de Las Guijas”, Valladolid, 1998; "D. Demetrio de los Ríos y las excavaciones de Itálica, a través de sus escritos", Córdoba, 1998; “Nuevos testimonios andaluces de la legislación municipal flavia”, Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik, 141, 2002; “Tartessos. The Ouset: contacts with other medoiterranean peoples”, en Sea routes... From Sidon to Huelva. Interconnections in the Mediterranean. 16th-6th B.C. Atenas, 2003; “Arqueología del Bajo Guadalquivir: Del Neolítico a Roma”. Córdoba. Fundación Caja Vital. Vitoria, 2004; “Guía del Museo Arqueológico de Sevilla”, Sevilla, 2005, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.
Entre los diversos homenajes, recientemente ha recibido uno académico, otorgado en la ciudad hispalense, por la Asociación Amigos de los Jardines de la Oliva y presidido por el Ayuntamiento de esa ciudad, en el que estuvieron presentes numerosos representantes de las entidades que componen la Plataforma Ciudadana por los Parques y Jardines de Sevilla, como la presidenta del Club UNESCO de esa ciudad

Desde estas páginas que hablan de historia, como único medio a mi alcance, quiero homenajear como se merece a este ilustre personaje, dándole a conocer entre sus paisanos, haciéndole profeta en su tierra y añadiéndole a ese centenar de paisanos distinguidos nacidos en esta villa, porque don Fernando Fernández Gómez es parte de la historia de Casarrubios del Monte.
Amigo Fernando, enhorabuena y un fuerte abrazo.


sábado, 7 de mayo de 2011

LA CRUZ DE CASARRUBIOS, JUAN DE DIOS SANTO Y JUDIO

El pasado día 30 de abril, se presentó en Casarrubios del Monte el libro



Se trata de una novela histórica que narra la vida de San Juan de Dios y, sobre todo, su nacimiento en esta villa.
Su autor, el Dr. D. Ángel Ballesteros Sahorí, ha sabido compaginar historia y ficción en este libro de 863 páginas, para hacerlo tan ameno como interesante.

En la novela LA CRUZ DE CASARRUBIOS, JUAN DE DIOS SANTO Y JUDIO, Ángel Ballesteros, ha aportando novedades hasta ahora desconocidas, desarrollando la historia novelada sobre la vida de Juan Ciudad Duarte. Huyendo de la beatitud que otros autores ponen al escribir sobre personajes venerables y, de forma, tan elegante, como emocionante, narra en su novela las circunstancias que rodearon el nacimiento de Juan Ciudad en Casarrubios del Monte. Historia que indudablemente va ligada por naturaleza, a la historia de sus padres, siendo, la última parte de su libro, de un dramatismo que a buen seguro, moverán el corazón del lector más insensible, dando lugar a la emocionante, trágica y gran leyenda del romance de un judío y una cristiana en los postrimeros años del Casarrubios del siglo XV, en los difíciles tiempos en los que los Reyes Católicos acababan de dictar las seberas leyes contra los judíos.


Fausto-J. Arroyo López



                                                                            

jueves, 30 de septiembre de 2010

LAS CAMPANAS DE SANTA MARIA


    Con el paso de los años los casarrubieros hemos visto como las campanas con sus sonidos han ido marcado los acontecimientos sociales de nuestras vidas. Sus sonidos nos han convocado a eventos civiles y religiosos y, a veces, con su tañido desesperado nos ha reunido para hacer frente a los acontecimientos adversos pero, igualmente, como si de un peligro se tratara, las campanas de las cuatro iglesias, San Andrés, Santa María, convento de Agustinos y Bernardas, anunciaron a la población el abandono de Madrid por las tropas francesas. A lo largo de la historia llamaron a consejo a las buenas gentes de la villa para dilucidar sobre asuntos importantes como cambio de señor o elecciones de cargos concejiles. Sus tañidos solamente estuvieron prohibidos los veintiséis días que S. M. el rey Felipe III permaneció en nuestra villa aquejado de una enfermedad que le tuvo al borde de la muerte. Incluso, la joven campana del reloj, que con su sonido monótono ha venido marcando el ritmo de la vida de los lugareños y el momento de “echar la patata al cocido”. Tanto las hemos oído que podríamos reconocerlas por lejos que nos encontremos pero, poco o nada sabemos de ellas, por lo que, sin subir al campanario, intentaremos acercarnos a través de algunos documentos encontrados.

Desaparecidas las que en otros tiempos ocuparon la “Torre Mocha”, en la antigua iglesia de San Andrés, quedan las que hubiera en el convento de frailes de San Agustín que, muy posiblemente, sean las que hoy se encuentren en la ermita, haciendo compañía a las del convento de las Bernardas y a las de la iglesia de Santa María. De estas últimas nos ocuparemos.

Concluida la torre, las campanas fueron encargándose según los fondos lo permitían y colocándose a medida que avanzaban las obras del templo. La campana grande se subió el 20 de diciembre de 1572. Con un peso de “diecisiete quintales y arroba y media”, ocupa la cara de la torre que da a la plaza.
Por la escritura de una de ellas, sabemos que fueron mandadas construir al maestro campanero Manuel de Cabañas, vecino de la localidad de Cenicientos. La campana debía ser de hasta ocho quintales, una arroba o dos, más o menos, y su precio sería a razón de cinco reales cada libra que pesare, por la que, además, se le había de dar un carro de leña de encina y dos cargas de leña de pino o madera de pino viejo. El contrato fue firmado en Casarrubios el 26 de febrero de 1630.
La campana se realizó en los meses siguientes, pues el 4 de mayo en Toledo, Manuel Cabañas hizo cesión del cobro a Baltasar de la Cruz, latonero y vecino de esa ciudad, para que pudiera cobrar de la Iglesia de Santa María de Casarrubios 1.500 reales de la campana que había hecho. A su vez, Baltasar de la Cruz hizo cesión de este derecho a Nicolás Suárez. Finalmente fue un apoderado de la viuda de este, doña Constanza de Ortiz, quien cobró y entregó la carta de pago el 15 de enero de 1631.

A finales del siglo XVII la iglesia de Santa María sólo contaba con tres campanas que fueron bendecidas por el obispo auxiliar de Toledo, Ilmo. Señor Dr. D. Alonso de Santa Cruz, obispo de Methones, en una visita pastoral que realizó a Casarrubios del Monte el 24 de agosto del año 1683. El obispo era tío paterno de Alonso Santa Cruz del Rincón, nacido en Casarrubios y oficial del tribunal de la inquisición de Valladolid, con quien a veces la historia confunde al hablar de tío y sobrino.
A las cinco de la tarde el obispo llegó al altar mayor, donde se vistió de pontifical con mitra y báculo y, con la cruz, clero y mucho acompañamiento, se dirigieron en procesión hasta la torre de la iglesia. Lo angosto de la escalera no debió permitir la subida más que de los testigos y gente principal, entre los que se encontraban munícipes y clérigos de la villa. Como diacono actuó el Rvdo. D. Nicolás de Espinosa Rivadeneira, Comisario del Sto. Oficio y cura propio y natural de Casarrubios. Su Ilustrísima bendijo con especial y solemne ritual las tres campanas que a la sazón tenía la torre acompañado de muchos testigos.

Entre otros ritos, el ceremonial consistió en el lavado simbólico de las campanas con agua bendita y posterior secado, la unción con los Santos Oleos y esparcimiento del humo del incensario en el interior de ellas. La ceremonia continuó volviendo la procesión al altar mayor cantando el salmo “intravit Iesus inquo ddam castellum”, que era el que en tales solemnidades disponía el Pontifical. Por último, Su Ilustrísima besó el Evangelio y dio por finalizada la función.

La campana que mira a la capilla mayor de dicha iglesia, o a las “Cuatro Calles”, se consagró y dedicó a Santa María, titular de la Iglesia. La campana mayor que mira a la plaza o poniente, fue dedicada a honra del glorioso San Andrés Apóstol, patrono de la villa, y la campana que mira a la parte de la iglesia de San Andrés, “entre solano y abrigo”, se dedicó y consagró a honra del apóstol San Pedro, a la gloriosa Santa Teresa de Jesús, advocación del cura titular, y a la del apóstol San Bartolomé, por ser en su día dicha consagración.

La cuarta campana parece proceder de la desaparecida iglesia de San Andrés, por lo que debió colocarse a mediados del siglo XIX. En ese tiempo la economía no permitía gastar en un yugo de madera que igualara a las demás y la colocaron en un simple madero incrustado en los muros. Esta campana es más pequeña que las demás y en tiempos se utilizó para dar “la señal” o avisar a la feligresía del comienzo de los actos litúrgicos.


F.-Jesús Arroyo López.