lunes, 24 de febrero de 2014

CONVENTO DE SAN AGUSTÍN

El convento de San Agustín fue un monasterio de la Orden de los agustinos existente en Casarrubios del monte desde el siglo XIV al XIX. Su origen se remonta a la existencia en sus alrededores de unos Caballeros de la Orden del Temple que en época de la reconquista ocuparon la Basílica de Santa María de Abajo y, tras su disolución en el siglo XIV, algunos se convirtieron en eremitas de la Orden de San Agustín y, muy posiblemente, por la ruina de la Basílica se trasladarían a extramuros de la villa, como ya lo veían haciendo el resto de los habitantes de la zona.




Hacia el año 1354 se fundó una mísera casa convertida en convento y, una veintena de años más tarde, ya en 1372, recibieron la ayuda de los Señores de Casarrubios, don Diego Gómez-Pérez de Toledo y de su mujer, doña Inés de Ayala. El matrimonio impulsó a los frailes a la refundación del monasterio llevándoles a una nueva ubicación, para lo que dichos Señores entregaron a Fray Juan de Ocaña unas casas en las que construir el nuevo convento de la Orden de San Agustín, que fue bastante espacioso y cómodo.
Las donaciones no debieron ser las únicas, pues el 31 de mayo de 1375, doña Inés de Ayala hizo entrega al monasterio de las casas de la judería, cercanas a la iglesia de San Andrés, lo que indica la prolongación de las obras. En ese tiempo, se designó Prior, y se llegó a un acuerdo con la familia Ayala para que en el monasterio hubiese doce frailes, de los cuales, al menos, seis de ellos debían ser sacerdotes. Las obras continuar otros diez años más, según afirmaba don Pedro Suárez, hijo del matrimonio benefactor, en su testamento fechado en agosto de 1383. En él mandaba se acabasen las obras, para las que su padre dejó 15.000 maravedíes, pedía ser enterrado delante del altar mayor y creó tres capellanías perpetuas por su ánima, dejando para ello toda su heredad de Tormantos. Se desconoce si, finalmente, y tras su última voluntad, don Pedro fue sepultado en el covento, ya que murió guerreando en Portugal ese mismo año.

En el siglo XV, Fray Alonso de Ravanal, provincial de la Orden, dio una carta de hermandad a los que ayudaran a la edificación de la iglesia y, un siglo más tarde, se acometieron grandes mejoras que pasarían por una nueva construcción de la iglesia que en 1610 se encontraba totalmente derruida, por lo que se firmaron escrituras de la demolición de las ruinas existentes y construcción de una nueva iglesia y capilla, por un importe de 3.600 ducados y una duración de dos años. La falta de dineros llevaron a que en 1689 se dictara una Real Cedula concediendo licencia para pedir limosna en las Indias por tiempo de seis años con el objeto de acabar la capilla de Nuestra Señora de Gracia de la villa de Casarrubios del Monte.

En los archivos de esta casa se encontraban importantes documentos como la Bula expedida en Roma el año 1479 por el General de la Orden Fray Ambrosio Massario, comunicando a toda la Orden los privilegios de Pavía, la Bula con los privilegios que el Papa Gregorio XIII concedió el 3 de abril de 1584 al altar de San Nicolás de Tolentino en la iglesia de este monasterio, siempre que los sacerdotes conventuales del mismo celebraran en él por los difuntos. También se encontraba la Bula que concedió el Papa Paulo V en San Marcos el día 22 de septiembre de 1611 a este convento, con facultad para fundar una cofradía de Nuestra Señora de Gracia, e indulgencia plenaria a sus cofrades en el día de su ingreso y otras parciales en varios días del año. El convento tenía por advocación a esta Virgen, en cuya iglesia se veneraba su imagen de gran valor, traída de Portugal y famosísima por sus continuos milagros, cuya fiesta se celebraba el jueves inmediato al 8 de septiembre.

En los años 1452 y 1470, aquí se celebraron dos capítulos provinciales de los agustinos de España. En 1541 se hospedó en él el general de la Orden Jerónimo de Seripando. En 1454 fue prior del convento el Padre Diego de Abanza. Aquí profesó en 1590 Fray Alonso de Méntrida, que marcho a Filipinas en 1598, de cuya provincia fue elegido Superior Mayor en 1623, muriendo en Manila a principios del año 1637, dejando escritas, entre otras obras, un Catecismo de Doctrina Cristiana en lengua bisaya. De él salieron decenas de frailes para la evangelización de las Indias y Filipinas, como Tomás de Ayala, Juan de Subijana, Juan Ayllón, Francisco de Aguirre, Pedro de Guevara, Francisco de Vara, Juan Pimentel, Cristóbal de Osma, Gabriel González, y así, una larga lista de ellos que incluían algunos naturales de esta villa como Luis y Hernando de Bustamante. En 1769 el convento era habitado por 10 individuos, 1 donado, 1 sacristán, 2 criados y 8 solteros. El censo del Conde de Aranda de ese mismo año dice haber 16 hermanos de órdenes religiosas. El monasterio atendía al ministerio del confesionario, predicación y asistencia a los moribundos de la villa.

En 1835 los frailes abandonaron el convento debido al decreto de exclaustración de Mendizábal, conservándose de él la fachada principal del edificio treinta años mas tarde, pasando a completa ruina en 1910, del que solo quedaba algún resto de sus muros. El valor arquitectónico del convento no debió de ser destacable, acorde con la sencillez de su interior, incluida su iglesia, que solo contaba con el sepulcro de mármol blanco y negro bastante bien adornado de su patrono, según cuenta Madoz en su diccionario Geográfico, con relieves de algún mérito, colocado en la iglesia al lado del Evangelio, junto al altar mayor, con la siguiente inscripción:

  Soli Deo honor et gloria.
 Aquí yace Bernardo de Oviedo y Puelles, del Consejo de Rey N.S.Don Felipe III y IV, su secretario, y de los descargos de las majestades cesáreas y católicas de los reyes de Castilla, mayordomo mayor del Excmo. Sr. Don Bernardo de Sandoval y Rojas, cardenal y arzobispo de Toledo, arcipreste de Guadalajara; primero y perpetuo patrono de este santo convento, él y sus sucesores: murió en 1649, R.I.P. 

 Don Bernardo de Oviedo y Puelles nacido en esta villa, donde fue bautizado el 22 de diciembre de 1574. Pertenecía a la clase de los hijosdalgo y fue sacerdote y arcipreste de Guadalajara, entró como secretario del Arzobispo Sandoval y Rojas y, posteriormente, secretario de Felipe III. Llegando a ser Secretario de los Reales Descargos. En 1631 firmó con el convento la escritura de patronazgo que le daba derecho, entre otras cosas, a colocar sus armas en la iglesia, a ponerle silla alta entre las gradas y el altar siempre que le pareciere y no a otra persona. El convento debía de darle sitio, cuando lo quisiera, en la parte del altar para por la parte de fuera, labrar el aposento o aposentos que quisiere con ventana de reja y puerta al dicho altar mayor, de los cuales aposentos y ventana ha de tener la llave el patrón y de su puerta que abre al altar la tendrá solo el prior, y por supuesto derecho a ser enterrado en la iglesia del convento, por lo que él mismo mandaría edificar su sepulcro en 1634. A cambio el convento recibiría una renta de 350 ducados y una limosna de 110 reales al morir.

También estuvo sepultado en la Capilla Mayor de este convento el caballero don Fernando Sánchez Bustamante y Claramonte, vecino de Illescas y descendiente de Carlo Magno, el cual tuvo que hacer probanza de su nobleza. Muerto en 1457, yacía en un sepulcro al lado del evangelio, con tres losas en las que se encontraban las armas de su apellido.

Hoy dia, la única pieza de la fachada que se conserva, es la imagen de la Virgen de Ceuta, reproducción del siglo XVI-XVII en piedra, que se encuentra en la portada de la iglesia de Santa María.

Las propiedades que llegó a poseer el monasterio se extendían por todos los pueblos de los alrededores, incluso algunos más lejanos. Como ejemplo de ello, citar el arriendo que el prior, Fr. Bernardo Luzio, y Fr. Francisco Sánchez, procurador del convento, hicieron en 1755 de las propiedades que poseían en Lominchar, arrendando por nueve años las tierras y diezmos a Gabriel Barrera, vecino de la villa de Villanueva de la Sagra. En total comprendían un total de 21 tierras (111 fanegas, 4 celemines y 25 estadales de marco de 600 estadales la fanega), por lo que debía pagar 55 fanegas de trigo, las 30 por la renta de las tierras y las 25 restantes por los diezmos de los frutos que produjesen, fueran pocos o muchos.

En lugar donde se levantara el convento, junto a la iglesia de San Andrés, hoy lo ocupa el colegio público, no apreciándose vestigio alguno que de testimonio de la construcción de antaño.

F.-Jesús Arroyo López.

domingo, 16 de febrero de 2014

CAPILLA DE LOS VÉLEZ Y CASTILLO DE CASARRUBIOS




La capilla fue mandada edificar como lugar de enterramiento por don Juan Chacón, Adelantado de Murcia e hijo de don Gonzalo Chacón (sí, el de la serie Isabel de TVE) y Señor de Casarrubios del Monte, no llegó a desempeñar su uso como tal.

Exterior de la capilla de los Vélez
 Don Juan Chacón, íntimo amigo de la reina Isabel desde su niñez, contrajo matrimonio con doña Luisa Fajardo, hija de don Pedro Fajardo, anterior Adelantado de Murcia, quien heredó dicho cargo y, por consiguiente, don Juan Chacón, ascendió a la nobleza y fue Capitán y Adelantado mayor del reino de Murcia.

 El matrimonio tuvo ocho hijos, de ellos, tres fueron varones; Pedro Fajardo Chacón (llevaba por delante el apellido de la madre), quien al morir el padre heredó el Adelantamiento y Señorío de los Vélez; Gonzalo Chacón Fajardo, que recibiría el mayorazgo y Señorío de Casarrubios del abuelo paterno y; Fernando Chacón Fajardo, quien fue Comendador de Aranjuez y ostentó varios cargos cercanos a la realeza.


Portada del castillo de Casarrubios del Monte

 Durante su mandato como Adelantado de Murcia, y sucesor del señorío de Casarrubios de su padre, don Juan Chacón mandó levantar varias construcciones, entre ellas el castillo de Casarrubios del Monte que, contra la voluntad de su progenitor, quería que fuera el emblema de su señorío en tierras toledanas. Por eso, este castillo, a pesar de tener traza militar, siempre se ha considerado un castillo señorial. La otra construcción fue la capilla de los Vélez en la catedral murciana, considerada la joya del templo. Don Juan Chacón murió en 1503, y ambas construcciones quedaron paralizadas al ser sufragadas con dineros del Adelantado .

Armas de Chacón en el exterior de la capilla

 Don Pedro Fajardo, como Adelantado de Murcia, retomó las obras de la capilla hasta su conclusión, en la que colocó las armas Chacón-Fajardo de la familia, en gran difusión por dentro y por fuera, además de las armas Chacón de su padre sostenidas por dos tenentes salvajes de origen medieval.

 Peor suerte corrió el castillo de Casarrubios del Monte. La suspensión de los capitales que sufragaban las obras, unido a la falta de interés del abuelo y la reclamación de herencia por parte de doña Inés Manrique, segunda esposa y, ahora, viuda del padre, más los pleitos contra Segovia por el caso de Navalcarnero, llevaron a un inacabado castillo que hubiera sido una copia pequeña del de Coca en Segovia. Más tarde, vendrías otros descendiente que intentaron retomarlas, pero la escasa necesidad de un costoso emblema para el señorío, nos ha privado de contemplar la majestuosidad con la que fue proyectado.

                                      Castillo de Casarrubios del Monte

 Tanto en uno, como, en otro, se colocaron los escudos de la familia Chacón-Fajardo, que podemos ver en la capilla de los Vélez, en Murcia, y en el castillo de Casarrubios del Monte. Pero este escudo, se volvió a colocar, una vez más, en el castillo palacio que don Pedro Fajardo Chacón, ya marqués de los Vélez, construyo en Vélez Blanco, en la comarca almeriense de los Vélez, pero con los cuarteles cambiados; Fajardo-Chacón, en lugar de Chacón-Fajardo como los anteriores. De ahí viene que la relación entre ambas edificaciones.


                        Casarrubios         Málaga               Vélez

  F.-Jesús Arroyo López.

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jueves, 23 de enero de 2014

¿SABIAS QUE…?



   Donde hoy se encuentra el colegio público, existió hasta el siglo XIX un famoso convento de agustinos del que salieron monjes a la evangelización de las Indias y Filipinas. .

    En el lugar que se encuentra la casa parroquial, hubo hasta los años sesenta del siglo pasado, un hospital para mujeres pobres naturales de Casarrubios, fundado por Pedro de Castilla, alcalde de los hijosdalgo de la villa, que se sustentaba con un molino de aceite, propiedad de dicho hospital.

    En la plaza de Casarrubios fue donde primero se proclamó, oficialmente, a la infanta Isabel como heredera al trono de Castilla. En ella se pregonó la carta que el rey Enrique IV firmó es esta villa el 24 de septiembre de 1468, mandándola a villas y ciudades dando a conocer su decisión.

    Lo que hoy conocemos como hospital, son los restos de un hospital refundado en 1530 con el nombre de Corpus Christi. Dicho hospital, se edificó sobre otro ya existente de mediados del siglo XIV. Restaurado en 1555 por el cura de la parroquia de San Andrés, don Rodrigo de Vivar y, vuelto a refundar en 1794 por Antonio de Arce y Acuña. Dicho hospital se mantenía con las rentas de tierras y tributos a él pertenecientes y llegó a funcionar hasta bien entrado el siglo XIX.

    La villa de Casarrubios del Monte fue la cabecera del sexmo segoviano que aún lleva su nombre, al él pertenecían pueblos como El Escorial, Robledo de Chavela, Chapinería, Valdemorillo, las dos Moralejas… y llegaba hasta Casarrubios, el más alejado de Segovia.

    La Torre Mocha es el único resto arqueológico de la imponente iglesia de San Andrés, destruida por la caída de un rayo en 1825.

    La Picota en un rollo de justicia originaria del siglo XIV. Esta “reliquia del tiempo” y valiosísimo patrimonio histórico, parece que se calló a finales del siglo XIX. Mal reconstruida, volvió a levantarse a principios del XX y, sin el menor criterio ni investigación, se ha hecho una burda réplica o “pastiche” que, colocado en la plaza, quiere dar testimonio de aquel rollo de justicia que en otros tiempos señalaba el poderío del Señor de Casarrubios.

    En la calle de la Veracruz existió una pequeña ermita, de la que tomó nombre la calle. Y, otra más, al final de la calle Empedrada, llamada San Antón, de la que alguno habrá conocido restos de su cimentación.

    El hoy llamado palacio, solo lleva el nombre y parte de la portada de lo que en otros tiempos se le llamó palacio de los condes de Miranda. Fue habitado por los señores y condes de Casarrubios desde su construcción a finales del siglo XV y llegó a su completa ruina a finales del XIX.

    El castillo o “fortaleza nueva”, como así le llamaban los lugareños para diferenciarle de la otra fortaleza o torreón sita en la patio del palacio, fue una construcción comenzada hacia 1484 y que nunca llegó a concluirse.

    La calle de Portugalejo, en principio, fue llamada de la Ronda, por ser la que bordeaba la muralla terrea que, en otros tiempos, rodeaba la villa.

    Los escudos nobiliarios que aún se encuentran en algunas de las casas de la población se deben a los muchos que había en el siglo XVI, ya que Casarrubios fue una de las poblaciones de mayor tradición nobiliaria de Castilla la Nueva junto con Toledo, Madrid y Guadalajara.

    A principios del siglo XVII Casarrubios fue un importante productor de estameñas; tejido de lana empleado, principalmente, para confeccionar, sobre todo, vestiduras talares eclesiásticas.

    En el siglo XIX la villa de Casarrubios del Monte era una de las pocas de Castilla la Nueva que poseían escudo propio. Armas que ya traía desde el siglo XVI, y que la ignorancia de los ediles decidió cambiar por otras que nada tienen que ver con la villa.

    Con frecuencia, y por desgracia, en algunos edificios municipales de Casarrubios, nos encontramos con la famosa placa de    "este edificio fue construido siendo alcalde…”, claro ejemplo de la egolatría de los ediles del momento, en menoscabo de otros monumentos, hechos y lugares merecedores de ser recordados con alguna información sobre su pasado que, a buen seguro, sería mejor valorado, al igual que hacen otros pueblos mostrando su interés en recuperar cualquier vestigio histórico por pequeño que sea, adecentándolos y dándolos a conocer a sus ciudadanos y visitantes.

    En sucesivos artículos iré explicando algunos de los monumentos que existieron en nuestra villa, de los que aún existen, y de hechos acaecidos en ella, ayudando a conocer el pueblo donde nacimos y a disfrutar de la historia del lugar donde se vive..

F.-Jesús Arroyo López.


                                                                            

martes, 17 de diciembre de 2013

LA POBLACIÓN HEBREA EN CASARRUBIOS DEL MONTE

 

Desde mediados del siglo XII, con las migraciones de los judíos a las zonas cristianas de la Península, acentuándose tras la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, y hasta los albores de la toma de Granada, las zonas de Castilla se vieron habitadas por gran número de judíos. Casarrubios del Monte no iba a ser una excepción, el estar alejada de las grandes ciudades donde el acoso a este grupo étnico era continuo, favorecía su aumento.
El mayor auge lo tuvo en tiempos de Enrique IV, donde los cobradores de alcabalas y algunos oficiales de este monarca, vecinos de Casarrubios, eran judío. Alcanzando el mayor número de población judía a finales del siglo XV.
Aunque los censos no diferencian entre judíos y cristianos, sí señalan los tributos que estos debían pagar, lo que permite conocer que dicha población era numerosa. Las alcabalas que pagaban los judíos de Casarrubios del Monte fueron las siguientes:
                  
Impuestos anuales año     1474 ........  1.000 maravedíes
      “             “          “          1482 ........  1.000      “
             “          “          1592 ........  1.000      “
Tributos      “          “           1481 ........  9.820      “
“              “          “          1485 ........      34 castellanos
        
      El valor de 1 castellano en 1483 equivalía a 485 maravedíes.

En 1474 se repartió una contribución entre las juderías de Castilla de 450.000 maravedíes, de las cuales a la de Casarrubios le correspondieron 1.000 maravedíes que, distribuidos entre las familias judías de la villa, a cada una le tocó pagar 50 maravedíes. Cantidad que se repetiría en los años 1484, 1485, 1490 y 1491 que, sumado a los pagos de altos impuestos en el periodo cercano a la guerra con Granada, fue aumentando paulatinamente con el fin de sufragar dicha contienda. La comunidad judía llegó a soportar una carga impositiva de 9.820 maravedíes en 1481 y 16.490 en 1485.
La población de Casarrubios rondaría los 3.000 habitantes hacia 1474, de los cuales, 150 serían judíos, sin embargo, en el siglo XVI, tras la expulsión, se denota una lógica disminución de la población. Las alcabalas que pagaban los judíos se redujeron de 16.490 a 1.000 maravedíes, lo que hace suponer que en esta fecha quedarían en el pueblo unas 10 familias de judíos bautizados o judíos-conversos.

El profesor Haim Beinart, especialista en temas hebraicos, a través de sus escritos ha permitido, que hoy se conozcan aspectos sociales sobre la vida, costumbres y ritos practicados por las familias judías y judío-conversas o judaizantes que habitaban Casarrubios del Monte en el siglo XV, así como las relaciones que mantenían con el resto de ciudadanos cristianos de la población.
Se conocen algunos nombres de las familias judías que habitaban nuestra villa en esa época: la de los Husyllo, con Fríame Husyllo, Salomón y su esposa Jamila, Abraham y su hermano Mose Husyllo, Samuel Abenjamín, zapatero; Jaco Arugo, también zapatero; Isaque Jayti, que era sastre; Buen Açemayas, tundidor de paños. Algunos fueron bautizados y adoptaron nombres cristianos  convirtiéndose en judíos-conversos, como Juan González de Madrid y su esposa, matrimonio al que la inquisición condenaría tras un largo proceso, pero esto es otra historia... Estos gozaban de cierta posición, contando entre sus criados con varios judíos y alguno cristiano, como Juana la Vaqueriza y Mari Sánchez, criadas en casa de este matrimonio de conversos, Alonso de Guzmán, Diego y Catalina, hija de Casanueva, etc.

Entre las costumbres que practicaban los judíos en Casarrubios, se pueden citar el ritual llevado a cabo cuando falleció el padre de Juan González. Al fallecido se le hizo una almohada de tierra para que en ella apoyara la cabeza, con la intención de establecer la unión entre el cadáver y la tierra virgen, por lo que se le perdonarían diversos pecados. Los hijos, que eran los más allegados, se rasgaron las vestiduras y celebraron en mesas bajas la comida de luto, en la que se sirvieron huevos y pescado. Los parientes del difunto, vestidos con trajes judíos, rezaron por él en su casa, pasando posteriormente a la sinagoga de Casarrubios, donde elevaban plegarias por el fallecido, guardando luto durante siete días. En cuanto a las fiestas que celebraban, eran las normales entre el pueblo judío.

En 1480, en la villa de Casarrubios del Monte, previo a la guerra con Granada, que dio paso a la expulsión definitiva del pueblo judío de España, nos encontramos con una  población amurallada, de la que se salía a través de sus tres puertas. Fuera, una fortaleza comenzada a construir al norte y una enorme iglesia-fortaleza al sur. Gran número de sus habitantes eran judíos y, aunque existía la judería, casas pequeñas con habitaciones reducidísimas, donde se encontraba la casa del rabino que atendía a la comunidad, y por supuesto la sinagoga donde practicaban sus ritos y oraciones, no todos vivían en ella.

Es de especial importancia encontrar documentada la existencia de una sinagoga y de la casa del rabino, en un documento fechado el 31 de mayo de 1375, mediante el cual, aparece "Doña Inés de Ayala, la hija de Ferant Pérez de Ayala y su mujer que fue de Diego Gómez, quien fuera Alcalde Mayor de Toledo" trasfiriendo al Monasterio Agustino de Casarrubios algunos bienes, entre otros “ ... las casas de la judería, sin la sinagoga y sin la casa del Rabí, que es de dicho lugar Casarrubios”

La sinagoga, que documentos y testigos refieren en este lugar, existencia lógica por la colonia numerosa de judíos que aquí habitaba, no señalan su ubicación exacta, pudiendo haber estado enclavada en dos lugares diferentes; uno es el que hoy ocupa el hospital del Corpus Christi, que en sus comienzos se instalara en la sinagoga que había perdido todo uso. El otro pudo ser donde más tarde se levantó la Parroquia de Nuestra Señora de la Natividad (Santa María), que si la salida de España de los judíos no conversos fue en julio del año1492, se supone que a partir de esa fecha dejó de tener sentido un templo judío, aprovechando los terrenos para levantar un nuevo templo cristiano que comenzó a edificarse en 1511, a los diecinueve años de haber dejado de utilizarse la sinagoga, considerada, dentro de las principales de España, como una de las de cierta relevancia del Arzobispado toledano, junto con las de Maqueda, Ocaña, Talavera y Toledo.

De la convivencia existente entre ambas culturas, se originaron ciertas relaciones sentimentales, fruto de las cuales, naciera a finales del siglo XV Juan de Dios o Juan Ciudad, como así lo afirman vecinos de Casarrubios en 1576, diciendo ser natural de esta villa

“el que fundo el famoso hospital de Granada”.

Cercano a la fecha de nacimiento de este personaje, se ejecutó en la villa a un judío precisamente por haberse “entendido” con una cristiana. Estos “hijos del pecado” eran silenciados y obligados a desaparecer, escondiendo su identidad, errando por otros lugares, lo que provocaría la marcha de Juan Ciudad, lo que hace difícil hallar sus raíces a biógrafos y estudiosos, pero que los vecinos del pueblo lo tenían muy claro cuando aún no había pasado un siglo de que este niño, solo o con su madre, salieran del pueblo.

Hay autores que coinciden en afirmar en ciertos escritos que San Juan de Dios fuera de esta villa, como por ejemplo M. A. García Olmo quien dice:
“...hace casi cinco siglos un oscuro soldado de Casarrubios del Monte (Toledo), que, habiendo oído predicar a San Juan de Ávila, vendió sus bienes y se tiró como un demente (llegaron a internarle creyendo que estaba loco) a socorrer a los que nadie se molestaba en mirar siquiera. Hoy es venerado como San Juan de Dios, su obra brilla y se halla extendida por el mundo”.

O Fray José Luis Martínez Gil, antiguo farmacéutico del Vaticano, quien tras largos años de estudio, también afirma que San Juan de Dios nació en Casarrubios del Monte en el año 1495, hijo de padres judíos, y no en Portugal, como su primer biógrafo lo sitúa, tal vez, con la intención de tapar su ascendencia judía y, por último, el descrito en este mismo blog, don Ángel Basteros Sahorí, quien lo afirma en su novela La Cruz de Casarrubios, Juan de Dios Santo y judío. 

F.-Jesús Arroyo López

jueves, 21 de noviembre de 2013

UN ELEFANTE EN EL CONVENTO DE MONJAS



La afición de la reina Isabel de Farnesio por coleccionar animales exóticos, hizo que Carlos III siguiera la tradición de buscarlos en países alejados, lo que hizo traer desde Filipinas un elefante que el Nabab Hider Alican de Carnate había regalado a don Simón de Anda y, tras recalar en algún puerto de las Indias, llegó a Cádiz en 5 de septiembre de 1779.

A la muerte de D. Simón de Anda y Salazar, presidente de la Audiencia de Manila y posterior Gobernador y Capitán General de las Islas Filipinas, su sobrino, D. Juan Francisco de Anda, gestionó y financió el traslado del elefante con 20.000 reales, junto con su primo D. Tomás de Anda y Salazar, Secretario Asistente de la Secretaría de Indias, hijo de D. Simón. Designaron a Pedro Barea, especialista en trasportar los animales que venían de América con destino a la Corte, de trasladar el elefante desde Cádiz a Madrid, donde, tras algunos días de exhibición en el Retiro, sería llevado a Aranjuez, no sin antes encargar a Barea pasara por Casarrubios del Monte y se detuviera en el convento de las monjas Bernardas para que la comunidad pudiera admirar al animal. El evento, que revolucionaría convento y población, no se debió a una circunstancia fortuita, ya que en dicho convento profesaba una hermana de D. Tomás de Anda y Salazar llamada María Joaquina de la Encarnación.

 La relación que los Anda Salazar, padre e hijo, tuvieron con esta villa de Casarrubios del Monte, es notorio por los documentos aquí firmados en fechas anteriores y posteriores al hecho narrado, debido, principal-mente, a que en el monasterio de las Bernardas de esta villa, como queda dicho, se encontrara como profesas una hija y dos sobrinas de don Simón, al parecer, hijas de un hermano suyo, también, llamado Tomás; María Asensia de San José e Isidra de San Francisco. Datos confirmados por una carta que don Simón de Anda y Salazar firmó en Manila el quince de agosto de 1775, pidiendo a Julián de Arriaga cien pesos anuales para su hija y sobrinas en el convento de Casarrubios.


  Siguiendo con la historia de Sundapari, que así se llamaba la elefanta, pues se trataba de una hembra de cinco años que padecía dolores en las patas debido a su largo viaje de dos años y medio, no siendo obstáculo, sin embargo, para que el animal estuviera en el convento en fechas inmediatas al mes de diciembre de 1779 en que, finalmente, se instaló en Aranjuez, donde moriría a los nueve meses.


¿QUIENES ERAN LOS ANDA Y SALAZAR?

 D. Simón de Anda y Salazar nació el 28 de octubre de 1709, en un pueblo llamado Subijana, en la provincia de Álava. Cursó estudios en la universidad de Sigüenza y Alcalá, alcanzando los grados de maestro en artes y doctor en leyes en la universidad de Henares, en la que fue ordenado de primera tonsura, aunque no ejerció el sacerdocio, pero sí la abogacía en Madrid, periodo en el que parece llego a contraer matrimonio (1735) con la, también, alavesa María Cruz Díaz de Montoya y Vallejo, con la que tuvo dos hijos. Una hija llamada Joaquina, que ingresó en el convento de Casarrubios y, Tomás. Dos años más tarde se incorporó a la Academia de Santa María de Regla, donde se especializó en la nueva Ley de Indias. En 1755 fue designado oidor de la Audiencia de Manila, para donde saldría cinco años más tarde, tardanza, que se supone, motivada por el fallecimiento de su esposa, pues a punto de realizar la travesía a las Filipinas, hace testamento en el que dice ser viudo y lleva con él a su hijo Tomás de catorce años.
Antes de embarcar para las Filipinas, don Simón de Anda pasa por el convento de Casarrubios del Monte en el que deja en clausura a su hija Joaquina con unas primas suyas.
A los seis meses de haber tomado posesión como Magistrado de la Real Audiencia, Corte y Chancillería de Manila, (julio de 1761)  tuvo que hacer frente al intento de invasión de las fuerzas inglesas, poniéndose al frente de la defensa del archipiélago, que le valió ser proclamado teniente general y gobernador de aquellas islas, cargo que ostentó hasta 1764 en que volvió a España, donde se le dio el cargo de Consejero de Castilla.
En este periodo de tiempo, don Simón visitó a su hija en el convento de Casarrubios, tiempo en el que, nuevamente, volvió a ser nombrado Gobernador de Filipinas, ocasionando fuera en esta villa donde comenzara a preparar el nuevo gobierno de aquellas tierras, como lo demuestran las cartas dirigidas a D. Julián de Arriaga,  Secretario de Estado y del Despacho de Marina, explicándole la imposibilidad de llevar a cabo sus ideas sobre la organización del gobierno de aquellas tierras sin caudal conveniente para ello, firmadas en Casarrubios del Monte el 9 de agosto de 1769.
Al año siguiente volvió a Filipinas, islas que gobernó hasta 1776 en que le llegó la orden de relevo con el sueldo de Consejero de Castilla y su vuelta a España, orden que no pudo recibir por su fallecimiento en Manila ese mismo año, dejando por albacea a su sobrino Juan Francisco de Anda, oidor de la Audiencia de Manila.

Su salud comenzó a sentirse quebrantada tras conocer la revocación de sus acuerdos, la censura a su conducta y el cese de su segundo mandato como Gobernador de Filipinas, que le hizo buscar alivio en la hacienda que los recoletos tenían en Imus. Al agravarse su estado fue trasladado al hospital de San Felipe de Cavite, donde falleció el 30 de octubre de 1776, a los 66 años.

Su hijo, don Tomás de Anda y Salazar, cuando a los catorce años marchó a Filipinas, era de  estatura corta, cuerpo blanco y rubio y de estado soltero. Allí ejerció de Oficial Mayor de la Secretaría de Estado del Despacho de Gracia y Justicia. Siete años después embarcó en el puerto de Chivite en el navío “Nuestra Señora del Buen Consejo” que le devolvería a España. Aquí contrajo matrimonio en 1769 con doña María Francisca Carrasco Téllez. 
El 8 de agosto de 1784, aparece por primera vez relacionado con el convento de monjas de Casarrubios, al que hizo donación a modo de limosna de unas casas propias valoradas en 1.300 reales  situadas en la calle Real que da a la plazuela de Palacio, y baja a la puerta del Sol, Pósito y Caño, de esta villa, que lindaban con el convento y casa de doña María Teresa Delgado Monroy que, las tenía D. Rodrigo Antonio Benítez de Rivera, vecino de Madrid.
Las visitas que realizó a Casarrubios parecen sucederse por tiempo prolongado, como lo demuestran las cartas dirigidas a D. José de Gálvez, Secretario de Estado de Indias, firmadas en Casarrubios el 20 de septiembre de 1784.
D. Tomás de Anda y Salazar fue Caballero de Carlos III y Oficial de la Secretaría de Estado. Murió el 27 de febrero de 1790 en Madrid, a la edad de 45 años. 

F.-Jesús Arroyo López.


                                                                            

martes, 12 de noviembre de 2013

FERNANDO FERNÁNDEZ GÓMEZ, ILUSTRE CASARRUBIERO

A finales del 2011 terminé de escribir el libro “Casarrubieros” que, por cuestiones de austeridad, aún no ha sido publicado. En él doy cuenta de más de un centenar de hijos ilustres de esta villa, que destacaron en los siglos XV al XIX y de los que habla la historia.
Mi propósito ha sido darles a conocer, sobre todo en Casarrubios, donde nacieron y caminaron, sin recibir el más mínimo homenaje de sus paisanos. Ninguno de ellos han sido “profeta en su tierra”, en la que poco, o nada, se conocen sus andanzas, a pesar de distinguirse en armas, religión, política, medicina, farmacopea, literatura, docencia, etc., incluyendo en el mismo a cuantos decidieron tomar el camino de las Indias, recientemente descubiertas, como conquistadores o colonos. De cualquier forma, pioneros en ellas
 Siguiendo el propósito de que dicho libro fuera escrito íntegramente por casarrubieros, nada mejor que pedir a otro querido paisano, me lo prologara, quien de haber continuado el libro hasta nuestros días, a buen seguro contaría entre sus páginas. Tenemos la suerte que esté entre nosotros y, al igual que los anteriores, tampoco, es profeta en su tierra, pero sí fuera de ella, donde recibe cantidad de homenajes. El próximo 15 de noviembre se le rinde uno muy especial y merecido en la localidad de Candeleda  (Ávila), población que ha decidido poner su nombre a una calle de la localidad, en la que ha llevado la dirección de las excavaciones arqueológicas en el yacimiento de la Edad del Hierro de El Raso. Ceremonia a la que he tenido el honor de ser invitado.
Se trata de D. Fernando Fernández Gómez, un casarrubiero que nació hace 73 años en la calle del Embudillo y que muy joven se trasladó a Madrid, donde cursó estudios y se doctoró en Historia por la Universidad Complutense. Sin olvidar el pueblo que le vio nacer, a él volvía cada verano a pasar unos días en compañía de familiares y amigos con los que jugar sus partidos de futbol en eras y calles, y donde aún le sigue recordando. Afincado en Sevilla, nunca ha renunciado a su naturaleza casarrubiera que pregona siempre que la ocasión se presenta.
Don Fernando ha dedicado su vida a la historia y a la arqueología, es miembro del Instituto Arqueológico Alemán y de la Institución Gran Duque de Alba, del Consejo Superior de Investigación de Ávila, y Académico de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla de la que es su Secretario General. Además ha desempeñado los cargos de Profesor de Prehistoria en la Universidad Complutense de Madrid, Profesor del Master de Museología de la Universidad Complutense de Madrid, Conservador del Museo Arqueológico Nacional de Madrid, Director de las excavaciones arqueológicas en el yacimiento de la Edad del Hierro de El Raso de Candeleda (Ávila), desde 1970, Como responsable de las excavaciones de urgencia en la provincia de Sevilla ha dirigido excavaciones en el casco urbano de la capital, en Valencina de la Concepción, necrópolis de Chichina (Sanlúcar la Mayor), basílica de Gerena, Cerro Macareno (La Rinconada), Orippo (Dos Hermanas), y otros yacimientos.
Director de los Conjuntos Arqueológicos de Itálica y Carmona, y del Museo Arqueológico de Sevilla durante 25 años, miembro de la Junta Superior de Museos del Ministerio de Cultura, Director de excavaciones en las misiones arqueológicas de Egipto y Sudán, Director del Equipo de Investigación del Museo Arqueológico de Sevilla, Conservador Jefe del Departamento de Investigación del Museo Arqueológico de Sevilla,
Miembro de diversos equipos de investigación, es autor, sólo o en colaboración con los miembros de los otros equipos, de más de un centenar de publicaciones, entre las que merecen destacarse: "Excavaciones arqueológicas en El Raso de Candeleda", Ávila, 1986; "La basílica y necrópolis paleocristianas de Gerena", Noticiario Arqueológico Hispánico, 1987; "La Lex Irnitana y su contexto arqueológico". Sevilla, 1990; "La Edad del Hierro", en Historia de Ávila, Ávila, 1995; "El Senadoconsulto de Gneo Pisón padre", Sevilla, 1996; "Excavaciones en la necrópolis de Las Guijas”, Valladolid, 1998; "D. Demetrio de los Ríos y las excavaciones de Itálica, a través de sus escritos", Córdoba, 1998; “Nuevos testimonios andaluces de la legislación municipal flavia”, Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik, 141, 2002; “Tartessos. The Ouset: contacts with other medoiterranean peoples”, en Sea routes... From Sidon to Huelva. Interconnections in the Mediterranean. 16th-6th B.C. Atenas, 2003; “Arqueología del Bajo Guadalquivir: Del Neolítico a Roma”. Córdoba. Fundación Caja Vital. Vitoria, 2004; “Guía del Museo Arqueológico de Sevilla”, Sevilla, 2005, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.
Entre los diversos homenajes, recientemente ha recibido uno académico, otorgado en la ciudad hispalense, por la Asociación Amigos de los Jardines de la Oliva y presidido por el Ayuntamiento de esa ciudad, en el que estuvieron presentes numerosos representantes de las entidades que componen la Plataforma Ciudadana por los Parques y Jardines de Sevilla, como la presidenta del Club UNESCO de esa ciudad

Desde estas páginas que hablan de historia, como único medio a mi alcance, quiero homenajear como se merece a este ilustre personaje, dándole a conocer entre sus paisanos, haciéndole profeta en su tierra y añadiéndole a ese centenar de paisanos distinguidos nacidos en esta villa, porque don Fernando Fernández Gómez es parte de la historia de Casarrubios del Monte.
Amigo Fernando, enhorabuena y un fuerte abrazo.


sábado, 7 de mayo de 2011

LA CRUZ DE CASARRUBIOS, JUAN DE DIOS SANTO Y JUDIO

El pasado día 30 de abril, se presentó en Casarrubios del Monte el libro



Se trata de una novela histórica que narra la vida de San Juan de Dios y, sobre todo, su nacimiento en esta villa.
Su autor, el Dr. D. Ángel Ballesteros Sahorí, ha sabido compaginar historia y ficción en este libro de 863 páginas, para hacerlo tan ameno como interesante.

En la novela LA CRUZ DE CASARRUBIOS, JUAN DE DIOS SANTO Y JUDIO, Ángel Ballesteros, ha aportando novedades hasta ahora desconocidas, desarrollando la historia novelada sobre la vida de Juan Ciudad Duarte. Huyendo de la beatitud que otros autores ponen al escribir sobre personajes venerables y, de forma, tan elegante, como emocionante, narra en su novela las circunstancias que rodearon el nacimiento de Juan Ciudad en Casarrubios del Monte. Historia que indudablemente va ligada por naturaleza, a la historia de sus padres, siendo, la última parte de su libro, de un dramatismo que a buen seguro, moverán el corazón del lector más insensible, dando lugar a la emocionante, trágica y gran leyenda del romance de un judío y una cristiana en los postrimeros años del Casarrubios del siglo XV, en los difíciles tiempos en los que los Reyes Católicos acababan de dictar las seberas leyes contra los judíos.


Fausto-J. Arroyo López



                                                                            

jueves, 30 de septiembre de 2010

LAS CAMPANAS DE SANTA MARIA


    Con el paso de los años los casarrubieros hemos visto como las campanas con sus sonidos han ido marcado los acontecimientos sociales de nuestras vidas. Sus sonidos nos han convocado a eventos civiles y religiosos y, a veces, con su tañido desesperado nos ha reunido para hacer frente a los acontecimientos adversos pero, igualmente, como si de un peligro se tratara, las campanas de las cuatro iglesias, San Andrés, Santa María, convento de Agustinos y Bernardas, anunciaron a la población el abandono de Madrid por las tropas francesas. A lo largo de la historia llamaron a consejo a las buenas gentes de la villa para dilucidar sobre asuntos importantes como cambio de señor o elecciones de cargos concejiles. Sus tañidos solamente estuvieron prohibidos los veintiséis días que S. M. el rey Felipe III permaneció en nuestra villa aquejado de una enfermedad que le tuvo al borde de la muerte. Incluso, la joven campana del reloj, que con su sonido monótono ha venido marcando el ritmo de la vida de los lugareños y el momento de “echar la patata al cocido”. Tanto las hemos oído que podríamos reconocerlas por lejos que nos encontremos pero, poco o nada sabemos de ellas, por lo que, sin subir al campanario, intentaremos acercarnos a través de algunos documentos encontrados.

Desaparecidas las que en otros tiempos ocuparon la “Torre Mocha”, en la antigua iglesia de San Andrés, quedan las que hubiera en el convento de frailes de San Agustín que, muy posiblemente, sean las que hoy se encuentren en la ermita, haciendo compañía a las del convento de las Bernardas y a las de la iglesia de Santa María. De estas últimas nos ocuparemos.

Concluida la torre, las campanas fueron encargándose según los fondos lo permitían y colocándose a medida que avanzaban las obras del templo. La campana grande se subió el 20 de diciembre de 1572. Con un peso de “diecisiete quintales y arroba y media”, ocupa la cara de la torre que da a la plaza.
Por la escritura de una de ellas, sabemos que fueron mandadas construir al maestro campanero Manuel de Cabañas, vecino de la localidad de Cenicientos. La campana debía ser de hasta ocho quintales, una arroba o dos, más o menos, y su precio sería a razón de cinco reales cada libra que pesare, por la que, además, se le había de dar un carro de leña de encina y dos cargas de leña de pino o madera de pino viejo. El contrato fue firmado en Casarrubios el 26 de febrero de 1630.
La campana se realizó en los meses siguientes, pues el 4 de mayo en Toledo, Manuel Cabañas hizo cesión del cobro a Baltasar de la Cruz, latonero y vecino de esa ciudad, para que pudiera cobrar de la Iglesia de Santa María de Casarrubios 1.500 reales de la campana que había hecho. A su vez, Baltasar de la Cruz hizo cesión de este derecho a Nicolás Suárez. Finalmente fue un apoderado de la viuda de este, doña Constanza de Ortiz, quien cobró y entregó la carta de pago el 15 de enero de 1631.

A finales del siglo XVII la iglesia de Santa María sólo contaba con tres campanas que fueron bendecidas por el obispo auxiliar de Toledo, Ilmo. Señor Dr. D. Alonso de Santa Cruz, obispo de Methones, en una visita pastoral que realizó a Casarrubios del Monte el 24 de agosto del año 1683. El obispo era tío paterno de Alonso Santa Cruz del Rincón, nacido en Casarrubios y oficial del tribunal de la inquisición de Valladolid, con quien a veces la historia confunde al hablar de tío y sobrino.
A las cinco de la tarde el obispo llegó al altar mayor, donde se vistió de pontifical con mitra y báculo y, con la cruz, clero y mucho acompañamiento, se dirigieron en procesión hasta la torre de la iglesia. Lo angosto de la escalera no debió permitir la subida más que de los testigos y gente principal, entre los que se encontraban munícipes y clérigos de la villa. Como diacono actuó el Rvdo. D. Nicolás de Espinosa Rivadeneira, Comisario del Sto. Oficio y cura propio y natural de Casarrubios. Su Ilustrísima bendijo con especial y solemne ritual las tres campanas que a la sazón tenía la torre acompañado de muchos testigos.

Entre otros ritos, el ceremonial consistió en el lavado simbólico de las campanas con agua bendita y posterior secado, la unción con los Santos Oleos y esparcimiento del humo del incensario en el interior de ellas. La ceremonia continuó volviendo la procesión al altar mayor cantando el salmo “intravit Iesus inquo ddam castellum”, que era el que en tales solemnidades disponía el Pontifical. Por último, Su Ilustrísima besó el Evangelio y dio por finalizada la función.

La campana que mira a la capilla mayor de dicha iglesia, o a las “Cuatro Calles”, se consagró y dedicó a Santa María, titular de la Iglesia. La campana mayor que mira a la plaza o poniente, fue dedicada a honra del glorioso San Andrés Apóstol, patrono de la villa, y la campana que mira a la parte de la iglesia de San Andrés, “entre solano y abrigo”, se dedicó y consagró a honra del apóstol San Pedro, a la gloriosa Santa Teresa de Jesús, advocación del cura titular, y a la del apóstol San Bartolomé, por ser en su día dicha consagración.

La cuarta campana parece proceder de la desaparecida iglesia de San Andrés, por lo que debió colocarse a mediados del siglo XIX. En ese tiempo la economía no permitía gastar en un yugo de madera que igualara a las demás y la colocaron en un simple madero incrustado en los muros. Esta campana es más pequeña que las demás y en tiempos se utilizó para dar “la señal” o avisar a la feligresía del comienzo de los actos litúrgicos.


F.-Jesús Arroyo López.



                                                                            

viernes, 13 de agosto de 2010

LA VIRGEN DE GRACIA DE CASARRUBIOS DEL MONTE


La devoción que la villa de Casarrubios del Monte profesa a la Virgen de Gracia se remonta a los tiempos en que los frailes agustinos se asentaron en nuestra villa pero, es a partir del siglo XVI cuando la población se vuelca en esta Virgen a la que declara como su patrona, venerándola en una imagen que se encontraba en su convento existente en nuestra villa hasta el siglo XIX. Se desconoce la fecha de la entronización como patrona, lo que sí sabemos es que en 1611 se creó en el convento de Nuestro Padre San Agustín la Cofradía de Nuestra Señora de Gracia de Casarrubios.
De especial auge fue el protagonismo que la imagen despertó en los siglos XVII y XVIII, recibiendo cantidad de visitantes de toda la región implorando mercedes. La fama extendida por los frailes agustinos, tanto de palabra como en publicaciones de la época, llegaban incluso de las Indias, y se dejaba sentir en Casarrubios. Esta devoción se refleja especialmente en las anotaciones de los libros de sacristía, en los que aparecen las peticiones de misas, no solo de gentes de la población y pueblos de su entorno, sino de lugares alejados como Madrid, Segovia, etc. E, incluso, alguna desde Hispano América.

Se desconoce la fecha de la declaración de Nuestra Señora de Gracia como patrona de la villa, pero sí la creación de la Cofradía que fue fundada en el convento de Nuestro Padre San Agustín en 1611. Alrededor de esta fecha parece que se intentó reformar o construir una nueva capilla para la Virgen, que no concluirían, al menos, hasta finales de siglo. Las escasas aportaciones económicas que llegaban a los frailes impedían su conclusión, por lo que el rey Carlos II concedió en 1689 una Real Cédula permitiendo pedir limosnas en las misas de las Indias, por un periodo de seis años, para acabar la capilla de Nuestra Señora de Gracia de convento de San Agustín de la villa de Casarrubios, comenzando a llegar los pesos a finales de siglo.

Existe la leyenda escrita por un piadoso devoto sobre las circunstancias que rodearon la venida de la imagen al convento de frailes agustinos desde Portugal, cosa que no deja de ser eso, leyenda, pero que los piadosos fieles del siglo XV difundieron diciendo que; en una expedición que el rey Juan I de Portugal realizó a África el año 1415, tomó Ceuta, donde encontró una imagen de cuerpo entero de la Virgen, que trajo a su palacio de Portugal. Años más tarde, en 1441, Juan López del Rincón, hayo de la reina madre, doña Leonor, bajo cuya tutela se encontraba el entonces rey Alfonso, tomó la imagen y emprendió la marcha hacia Casarrubios. Los portugueses, que no deseaban perder la imagen, enseguida emprendieron su búsqueda y, aunque se cruzaron con los llevaban la imagen, no los conocieron ni vieron la imagen. Pasando la aduna con total libertad, finalmente, llegaron a Casarrubios donde la colocaron el 25 de marzo de 1442. Leyenda que aparece en algunos libros de la época.

Como hemos dicho, el siglo XVII fue un periodo en el que la Virgen de Gracia gozaba de un especial protagonismo, por lo que sus fiestas atraían a multitud de personas. Las de 1609 contaron con la representación teatral de la obra “El Ángel de la Guarda”, del maestro toledano José de Valdivieso, interpretada por Domingo Balbín. En 1611 se creó la cofradía y en 1616 las fiestas en su honor volvieron a contar con la representación de obras teatrales del afamado empresario Pedro Cebrián.
En 1619, con motivo de la estancia del rey Felipe III, la imagen fue sacada en procesión y llevada a la iglesia de Santa María, donde quedó instalada hasta la recuperación del monarca mientras se sucedían ruegos y súplicas por la salud del monarca dirigidos por el cardenal Zapata.

Tanto fervor alrededor de la imagen dio origen a que en sus fiestas se suscitasen rencillas entre la feligresía por ver quienes desfilaban en lugar preeminente en su procesión.
A finales del siglo XVII las fiestas en honor de la patrona se venían celebrando el jueves infraoctavo de la Natividad de Ntra. Sra. y se extendían al viernes y sábado siguientes, inmediatos al 8 de septiembre, Así se venía haciendo desde más de ochenta años. Se iniciaban el jueves por la mañana en el convento de San Agustín, que se encontraba a extramuros de la villa, sacando en procesión la milagrosa imagen de Ntra. Sra. de Gracia, acompañada de danzas y chirimías, clarines, tambores y otros efectos. Tras recorrer algunas calles del pueblo la imagen llegaba a la parroquia de Santa María, donde, con gran solemnidad, se celebraban los actos religiosos que comenzaban con la obligada misa mayor cantada, sermón y lo demás acostumbrado, todo ello acompañado de la exclusiva música que venía de San Felipe el Real de Madrid, especialmente para esta función. Nuevamente, por la tarde, acompañada con la misma música de flautas, tambores y chirimías, se volvía a sacar la imagen para ser devuelta a su casa y convento.
No se sabe si fue el fervor o el prestigio por ocupar un puesto destacado al lado de la Virgen, el que llegó a ocasionar altercados de sus gentes al intentar defender su posición según el cargo u oficio que ocupaban en el municipio o la Iglesia. Año tras año venía aumentando el descontento de las gentes que no se ponían de acuerdo con el puesto que debían ocupar en la procesión, por lo que en ese año de 1688, llegaron a ocasionarse grandes enfados y pesadumbres.

El numeroso clero existente en Casarrubios se encontraba dividido entre el convento de San Agustín y las dos parroquias, cada uno encabezando su feligresía correspondiente. Ese año, las gentes de la villa, junto con las venidas de lugares cercanos, deseosos de estar cerca de la milagrosa imagen, se agolpaban en torno a la iglesia del convento esperando el inicio de la procesión.
Previo a la celebración de la misa ya se habían suscitado ciertas desavenencias en su preparación por el lugar que ocuparían las distintas cofradías, estandartes o cruces parroquiales. Las discrepancias fueron en aumento y obligaron a la suspensión de la misma, lo que llevó a grandes disgustos y disturbios que acabaron en un pleito ante el arzobispo de Toledo.
Intentando poner calma entre las gentes de la población y que la fiesta pudiera seguir celebrándose en años sucesivos, el convento de San Agustín y el Ayuntamiento acordaron reunirse y elaborar unas normas que complaciesen a todos y evitase cualquier tipo de altercado en lo sucesivo, para lo debían contar con la participación y presencia de la condesa doña Isabel Chacón que residía en Madrid, lo que obligó a desplazarse a la capital al alcalde mayor, don Francisco Dávalos y Santander, y a varios Padres del convento de San Agustín, entre los que se encontraban el P. maestro fray Juan Palomeque y seis frailes más. Todos religiosos del convento de Casarrubios.

Las normas que en lo sucesivo organizaban las fiestas de nuestra Sra. de Gracia y, sobre todo su procesión, quedaba regulado de la siguiente forma:
La ceremonia debía ser anunciada a campana tañida. La cruz parroquial de San Andrés ocuparía el lugar preeminente, acompañada de todo el clero secular de la villa y de los religiosos del convento que irán con su guión en lugar inferior, dejando a los cofrades y devotos, que así lo quieran, hacer la procesión con luces.
El prior del convento sería el encargado de traer la música y el concejo se ocuparía de los bagajes necesarios para venir desde Madrid y su vuelta. La condesa proveería la cera necesaria para el altar de la parroquia de Santa María durante todo el tiempo en el que esté colocada la imagen, repartiéndose la sobrante, mitad por mitad, entre el convento y la parroquia de Santa María. También correría todos los años con los gastos de 12 gallinas, 12 conejos y 50 reales de vellón que pagaría al convento para dicha fiesta, para la iglesia y para la comida de los músicos.
En las vísperas y días de más fiestas se celebrarían danzas, clarines, fuegos, luminarias y chirimías.
Los acuerdos fueron firmados en el palacio de la condesa en Madrid, en presencia de D. Luís Fernández Portocarrero, conde de Palma, marqués de Montesclaros y su mujer, María Leonor Moscoso.

Por otro lado, los alborotos que obligaron a la suspensión de la procesión llegaron ante el arzobispado de Toledo, quien determinó el orden que debía seguir y forma de realizarse la procesión al año siguiente de 1689.
La procesión saldrá de San Andrés con su cruz parroquial y sus ciriales. El presidente o cura y los diáconos, todos con sus mejores ornamentos, estandartes del Santo Rosario y los dos pendones; encarnado del Santísimo y blanco del Rosario, de la parroquia de San Andrés y demás. Se sacará el estandarte y pendón de Ntra. Sra. de la Salud que está en su ermita, que irá delante del de San Andrés. Cuatro clérigos con capas y ternos entraran en el convento a por la imagen de Ntra. Sra. de Gracia que saldrá en carroza, acompañada de tambores, clarines, chirimías y danzas y, a partir de 1689, no saldrá en ella cosa de la iglesia de Santa María, por decreto de los señores de la Gobernación del Cardenal de Toledo, debido al pleito que tuvo el convento de San Agustín sobre el lugar que debía llevar en dicha procesión la manga y cruz de Santa María y el guión de dicho convento. Alegando que solo debía preceder la cruz parroquial de San Andrés. Las normas se mandaron cumplir y se ejecutaron con quietud en esta forma.


En su día, los señores concurrentes hicieron la planta para la procesión y la plasmaron en un documento que permaneció guardado en el archivo del convento de San Agustín, al que ahora, y tras largos años perdido, ha podido acceder este autor.

El año de 1756, por haber declarado amenazas de ruinas la iglesia de Sta. María, se determinó que la función se hiciese en el convento de San Agustín para evitar competencias con San Andrés y que los parroquianos de Sta. María no tuvieran queja, circunstancias que dieron pié a otras historias.


F.-Jesús Arroyo López.



                                                                            

jueves, 24 de junio de 2010

UNA CURIOSIDAD

El 20 de febrero de 1876 vecinos de Casarrubios del Monte, amparados en los derechos constitucionales, dirigen un escrito al Senado de la nación apesadumbrados por las tendencias del gobierno a autorizar la pluralidad de cultos en contra de la fe de sus padres.
Citando palabras de su arzobispo y otras de Montesquieu, piden que, contenta como está la nación con su catolicismo, no autoricen la coexistencia de los falsos cultos con la del catolicismo, único y verdadero.
Eran tiempos en los que el marido decidía por su mujer, como así aparecen firmando por ellas dicho documento que, avalado por medio centenar de firmas, incluidas las de varias monjas y otros firmando por sus padres, se puede ver en la siguiente dirección:


http://www.senado.es/cgi-bin/verarchiweb?SIGN=HIS-0664-01&CONT=34


Fausto-J. Arroyo López



                                                       

sábado, 22 de mayo de 2010

SEXMO DE CASARRUBIOS. ÚLTIMA PARTE


Mientras se dirimían estos pleitos (1499), la ciudad de Segovia aprovechó para poblar en las tierras fronterizas del comendador y los marqueses de Moya, denominadas baldíos por su baja calidad. Argumentaron hacerlo en una zona llamada Naval Carnero, situada a una legua hacia la parte de Segovia del ahora nuevo establecimiento, pero que en realidad se hizo donde ya existían unas casas de labor pertenecientes a vecinos de Casarrubios del Monte y sus aldeas, llamadas la Cabeza de la Perdiguera y los Cobachos, situados a catorce leguas entre oriente y mediodía de la ciudad de Segovia. En ello se basó esa ciudad y así se lo hizo creer a los reyes, quienes en un intento de congraciarse con los segovianos, a los que acababan de sustraer los terrenos para Andrés Cabrera y su mujer Beatriz de Bobadilla, firmaron una provisión real que les autorizaba a poner alcaldes y alguacil en la nueva población.
Don Gonzalo Chacón alegaba que Navalcarnero era de su propiedad y del término y jurisdicción de su villa de Casarrubios y a él correspondería poblar y poner alcaldes. Segovia la reclamaba como de su propiedad y pedía se castigase al comendador y a su villa de Casarrubios por destruirles las casas e iglesia que construían, a lo que don Gonzalo Chacón alegaba que ellos podían hacer fuerza y quebrantamiento por defender su propiedad.
Si muchos y graves sucesos se cometieron con los vecinos de los marqueses de Moya, peores y graves fueron los realizados frente a esta nueva población, a la que Gonzalo Chacón, por un lado, y los marqueses de Moya, por otro, arrasaron, quemaron y derribaron varias veces, siendo anecdótica la frase de Francisco Buzón, alcalde de la villa de Casarrubios, ante los primeros pobladores a los que amedrentó diciendo “¿Vos amigo, no sabéis questa tierra es de Chacón mi señor? Deveis de iros luego de aquí, assi vos como esos otros, donde no, si aveis de poblar aquí, aveis de poblar los pies arriba y las cabezas abaxo a manera de sarmientos”, haciendo que la mayoría de ellos abandonaran el lugar tras la amenaza de ser enterrados.
Hubo muchos debates sobre esta población con los señores y vecinos de Casarrubios del Monte, pleitos que don Gonzalo Chacón emprendería y mantendría junto con los de los marqueses de Moya. Los emprendidos por la fundación de Navalcarnero fueron continuados por sus sucesores, durando cerca de cien años y finalizando después de 1600 con una resolución tibia que no dejó ver claramente la sentencia. Navalcarnero estuvo perteneciendo a la jurisdicción de Segovia dentro del sexmo de Casarrubios, de la que se eximió por compra en 1628.

Desde la repoblación y creación del sexmo homónimo, la villa de Casarrubios del Monte perteneció administrativamente a la ciudad de Segovia. Una vez fuera de él, el desorden administrativo proveniente de principios de la Edad Media no deja ver claramente su pertenencia. Durante los grandes pleitos que hemos visto (siglos XVI y XVII), nuestra villa pertenecía a Madrid y en 1571 figuraba como lugar de señorío en la provincia de Toledo. Tres años más tarde, en el repartimiento de aljamas de los judíos, estaba integrada en el Arzobispado de Toledo. En el censo de 1604, copia de otro de 1591, la villa de Casarrubios del Monte se encontraba enclavada en la Tierra de Madrid como (y parece ser un error) perteneciente al condado de “Puñon Rostro”.
En 1749, con Felipe V, se intentó llevar a cabo una división administrativa coherente. Se crearon intendencias que fueron las precursoras de las provincias. A la intendencia de Madrid, llamada Tierra de Madrid, se le agregó parte del sexmo de Casarrubios con los términos de Casarrubios del Monte, Valmojado, Camarena, Las Ventas de Retamosa, Santa Cruz de Retamar, Quismondo, Maqueda, Val de Santo Domingo y Villamanta, por lo que en el censo de población de la Corona de Castilla del marqués de la Ensenada de 1752, nuestra villa aparece ubicada en esa provincia y seguiría figurando en el mismo catastro de 1754.
Finalmente, la desaparición de los señoríos jurisdiccionales en 1801 y posteriormente el Decreto de 30 de noviembre de 1833 bajo la regencia de Maria Cristina, establecía una nueva división provincial diseñada por el secretario de Estado y Despacho de Fomento Javier de Burgos quien, basándose en una cartografía obsoleta y errónea, sin ningún criterio histórico, político ni geográfico, estableció los nuevos límites provinciales de España. En el caso del sexmo de Casarrubios se separaron pueblos que habían estado conviviendo juntos desde hacía siglos. Villamanta, Navalcarnero, Batres o El Álamo se incluyeron en la provincia de Madrid y a la de Toledo pasaron Borox, Méntrida, Seseña, Torre de Esteban Hambran, Ugena, Valmojado y el propio Casarrubios del Monte. Pueblos que desde principios de la Edad Media estuvieron perteneciendo a Segovia y desde 1749 a Madrid.


Fajarlo.

sábado, 8 de mayo de 2010

SEXMO DE CASARRUBIOS. SEGUNDA PARTE


A finales del siglo XV los Reyes Católicos llevaron a cabo la política de pagar a sus nobles adeptos con tierras y posesiones, por lo que crearon el señorío de Chinchón con parte de las tierras de los sexmos de Valdemoro y parte del de Casarrubios para favorecer a los marqueses de Moya, acción que no solo trajo a nuestra villa gran cantidad de problemas con los vecinos de las tierras sustraídas, sino que también ocasionó las iras y protestas del pueblo segoviano que, con gran sentido de lo suyo, no querían esta separación. El hecho, suficientemente conocido, no pasó desapercibido por Diego de Colmenares, quien dejó en sus crónicas el testimonio de las protestas y revueltas llevadas a cabo con tal motivo por los segovianos.
El cinco de junio de 1480 los Reyes Católicos hacen merced al alcalde Andrés Cabrera de mil doscientos vasallos en todo el sexto de Valdemoro y parte del de Casarrubios, con título entonces de empeño, para dárselo después en otra parte. Diese orden a Francisco González de Sevilla, escribano mayor de rentas, fuese a contar los mil doscientos vasallos (de los cuales al sexto de Casarrubios le correspondieron 444) y los entregase a Cabrera; eximiéndolos de la jurisdicción de Segovia, la cual suplicó de la enajenación y vencida la negociación el pueblo levanto tres cadalsos en diferentes partes de la ciudad, cubiertos de luto en los cuales se dijo en voz alta:





“Sepan todos los de esta Ciudad, y Tierra, y toda Castilla, como se dan mil y doscientos vasallos de esta jurisdicción al mayordomo Cabrera, contra el juramento de no enajenar cosa alguna de la corona real. Y la Ciudad ni tierra no consienten tal enajenación; antes protestan a la injusticia y nulidad, ante Dios y el Papa.
Levantó el pueblo horribles voces, abofeteando a los niños para que conservasen la memoria de esta reclamación, repitiendo lo mismo en las otras plazas y cadalsos”.



Dicha disgregación supuso una afrenta tan grande hacia la ciudad de Segovia que sus gentes, disconformes con tal medida, no la aceptaron, y las crónicas de la época siguieron reflejando sus protestas de esta forma:





“Nosotros, el concejo, justicia, regidores, caballeros, escuderos, oficiales y hombres buenos de la muy noble y muy leal ciudad de Segovia, al tener noticia de que los reyes han tomado el sexto de Valdemoro y gran parte del de Casarrubios, para darlo al mayordomo Andrés Cabrera y a doña Beatriz de Bobadilla, su mujer, con gran daño nuestro, contra las leyes de los reinos y contra las promesas y juramentos que nos tenían hechos en contrario, sin contar con nosotros, sin justa razón ni causa, y contra nuestra voluntad, protestamos no consentirlo en tiempo alguno, sino buscar remedio contra ello, y pues el presente no podemos hacer más y por mayor muestra, señal y memoria de nuestra queja, agravio y protestación que públicamente hacemos, nos Cubrimos de luto y otrosí cubrimos el pendón de la ciudad y quebramos esta tinaja y hacemos esta ahumada”.



Las protestas llegaron a tal extremo que los reyes se vieron obligados a enviar una carta al consejo de Segovia el 29 de junio de 1480, ordenando el cese de las protestas y justificando la separación de la ciudad de parte de los sexmos de Valdemoro y Casarrubios.
En 1504 la reina Isabel mandó en su testamento que fueran restituidos a Segovia los pueblos y vasallos que de su jurisdicción se habían dado al converso Andrés Cabrera en 1480, lo que no se llevó a cabo hasta 1593 en que se puso fin a estos pleitos con el acuerdo entre el obispo de Segovia, Andrés Pacheco, y el entonces conde de Chichón, por los que la ciudad cedía todos los derechos al conde a cambio de dos mil ducados de renta que éste debía abonar cada año. Confirmó esta concordia el rey Felipe II en Illescas el veintitrés de mayo de 1593.
La creación del señorío de Chichón supuso para el sexmo de Casarrubios la pérdida de varias villas y aldeas de su jurisdicción situadas en ambas orillas del río Guadarrama; Odón, Sacedón, Brunete, Cienvallejos Quijorna, Tiracentenos, Zarzuela, La Cabeza, la Veguilla, Serranillos, Moraleja la Mayor, Moraleja de Enmedio...., además de 444 vasallos. Tan notoria fue esta segregación que supuso un gran dolor para las gentes de Segovia.
Casarrubios del Monte, independizada de Segovia, seguía manteniendo buenas relaciones con los pueblos que ahora quedaban separados, aunque también se vio muy afectada por esta segregación debido a que si hasta entonces venía disfrutando de la leña y pastos de las tierras comunes, ahora divididas entre los marqueses de Moya y el comendador Gonzalo Chacón, tuvo que replegarse y contar solo con Móstoles y Arroyomolinos que quedaron de la otra parte del Guadarrama. Tierras en la que recientemente se ha instalado un gran centro comercial y siguen llevando el nombre de Gonzalo Chacón.
El comendador Gonzalo Chacón, señor de las villas de Casarrubios y Arroyomolinos, creyó perder la propiedad y autoridad sobre alguno de los pueblos de su jurisdicción y, si mal pudo sentarle esta pequeña sustracción, peor fue que dichas propiedades favorecieran a Andrés Cabrera, quien no contaba con su afecto desde años antes en que, siendo alcaide del Alcázar de Segovia (1476), mandado por la reina tuvo que ser suplantado por Gonzalo Chacón para apaciguar la revuelta que los segovianos levantaron contra él.
Como fiel servidor de la reina Isabel, don Gonzalo aceptó tal decisión, pero no le impidió realizar todo tipo de gestiones ante la corona encaminadas a recuperar lo que se le había substraído. Para ello y junto con la villa de Casarrubios del Monte, comenzó un largo enfrentamiento contra los marqueses de Moya que llegaría más allá de los tribunales y sería conocido como el primer gran pleito de don Gonzalo Chacón y su villa de Casarrubios del Monte.
El conflicto enfrentó a las gentes de uno y otro, peleas, apresamientos, quemas de montes, robos de mercancías… se sucedían, seguido de todo tipo de agravios siempre que la ocasión se presentaba, por lo que las mutuas acusaciones tuvieron bien ocupada a la justicia que no había resuelto un pleito cuando habrían otros nuevos. La peor parte de estas luchas las padecieron los vecinos que habitaban las zonas limítrofes. Ambas partes sufrieron las mismas e idénticas agresiones. Batres vio ocupadas sus tierras por los criados de los marqueses de Moya, lo que hizo integrarse en los procesos a Garcilaso de la Vega. Cubas y Griñón padecieron el apresamiento de sus vecinos. Móstoles y Arroyomolinos siguieron en la propiedad del comendador pero en la otra parte del río Guadarrama, mayoritariamente tierras de los marqueses, teniendo que soportar las afrentas cuando viajaban a esta parte. Los vecinos de Moraleja y Zarzuela, en cambio, vieron como el comendador les impedía el paso por un camino viejo de su propiedad que estaba cerca de Arroyomolinos y la prohibición de “hacer harina en los molinos de su propiedad”.
La propia villa de Casarrubios del Monte no quedó inmune en estas luchas. Sufrió el apresamiento de algunos de sus vecinos y el incendio de más de dos leguas de sus montes por parte de los vecinos de Brunete y Sacedón, instigados por los marqueses. Sus gentes tenían dificultades para viajar con seguridad por el camino real que les conducía a Arroyomolinos sin sufrir algún tipo de injurias. A la vez, los vecinos de Casarrubios fueron acusados entre otros delitos de apalear a un alcalde de las Moralejas, atacar a vecinos de La Cabeza y, junto con vecinos de El Álamo, de ocupar tierras de la Zarzuela y talar su dehesa.
Las peleas produjeron tal cantidad de pleitos que algunos se prolongaron durante largo tiempo. Las personas que debían testificar se negaban a hacerlo o pedían seguridad, temerosas de sufrir ataques de los contrarios.
A fin de restituir los términos entre unos y otros se intentó restablecer los mojones que se habían derrocado con una sentencia que delimitara los términos de los lugares de Serranillos, Zarzuela, La Cabeza y las dos Moralejas, pero los límites no fueron aceptados por disconformidad de los vecinos de estas poblaciones con los de Casarrubios. Esto dio origen a nuevos pleitos que el juez de términos de Madrid, al que se le ordenó concluirlos, le resultó difícil resolver por estar ambas partes amparadas por sus respectivos señores, quienes gozaban de gran influencia, resultando tarea difícil el poder mantener la paz en la zona.
Condenado el comendador a una pena de 100.000 maravedíes, inmediatamente fue suspendida y, otra, que le obligaba a resarcir a los vecinos por los daños causados, no se llegó a ejecutar motivada por la excusa del exceso de ocupaciones de los designados a informar dicha sentencia.
Otras sentencias dadas fueron las siguientes:





• “Que se informe si la población que se hace nuevamente [¿?] por dicho comendador es contra la sentencia dada, en cuyo caso la mande deshacer”.
• “Que se mande deshacer la horca, casas y demás señales de jurisdicción que el marqués y la marquesa de Moya habían puesto en términos, que habían sido declarados comunes”.
• “Que se resuelva la demanda puesta por el comendador don Gonzalo Chacón, mayordomo mayor y por los concejos de Casarrubios y Arroyomolinos, contra varios criados del marqués y marquesa de Moya, que habían apaleado y llevado preso a Juan García, vecino de la segunda villa, y lo tenían en Moraleja la Mayor, que es de dichos marqueses”.



El archivo general de Simancas guarda los documentos que muestran la absoluta disconformidad de la ciudad de Segovia, del sexmo de Casarrubios y la propia villa de Casarrubios del Monte, con la decisión tomada por los Reyes Católicos que, pasado más de un siglo (1616), seguían sin resolverse por completo a pesar de darse en ese tiempo todo tipo de sentencias seguidas de las apelaciones correspondientes.